La extraña maravilla de estudiar en el país de Mr. Trump
MEMPO GIARDINELLI
Acaso sorprendentemente, aunque los Estados Unidos es considerado el país más poderoso y uno de los más avanzados tecnológicamente del planeta, no es el país más alfabetizado del mundo.
Más bien al contrario, siendo una de las 4 principales potencias del planeta (con China y Rusia, y con la OTAN), por su tamaño geográfico, su potencia económica e industrial, su gran literatura y su fabulosa industria cinematográfica ―por lo menos― muchísima gente en todo el mundo cree o piensa que cultural y educativamente es una sociedad de nivel superior.
Sin embargo, y entre las innumerables paradojas de esa sociedad extraordinaria, los datos estadísticos acerca de la educación y la cultura general de sus 340 millones de habitantes configuran una sociedad tan compleja como otras, pero cuyo nivel educativo y cultural es por lo menos contradictorio y en muchos aspectos decepcionante.
Lo cierto es que los Estados Unidos han tenido ―y tienen―serias dificultades con la alfabetización tanto de jóvenes estudiantes como de adultos, especialmente agravadas durante la última década a tal punto que en varios casos judiciales recientes se llegó a debatir si la alfabetización debe ser verdaderamente un derecho o no.
Extrañísima disputa que por supuesto rechaza el doctor Fernando Operé, veterano docente de origen español con 40 años de experiencia en la muy prestigiosa Universidad de Virginia quien consultado para este artículo reunió la información que aquí se detalla.
En 2019 el NAEP (National Assessment of Educational Progress), traducible como ‘Evaluación Nacional del Progreso Educativo’ y que es la medición nacional continua y representativa más extensa y completa de lo que los estudiantes en los Estados Unidos saben y pueden hacer en varias materias principales ―como matemáticas, lectura, ciencias y escritura― informó que solo el 37% de los niños de 9 años de edad sabía leer al nivel de grado esperado en todo ese inmenso e hiperdesarrollado país. Y porcentaje que para colmo caía al 22% en núcleos urbanos de bajos ingresos.
El NAEP también es conocido como The Nation’s Report Card, o sea algo así como ‘La Libreta de Calificaciones de la Nación’, que proporciona una visión del estado del sistema educativo del país y de los logros de los estudiantes a nivel nacional, estatal y de grandes distritos urbanos.
Por su parte, una reconocida organización sin fines de lucro llamada ProLiteracy, informó hace muy poco que en ese enorme país nada menos que 43 millones de adultos no pueden leer por encima de un nivel de tercer grado de primaria.
Ciertamente, la alfabetización en los EE. UU. es un problema no resuelto desde hace mucho tiempo, y los datos posteriores a la pasada pandemia y la atención mediática nacional dejan en claro que se está atravesando una severa crisis de alfabetización. El doctor Operé recuerda que solo el 79% de los adultos estadounidenses están alfabetizados, mientras que el 21% restante son analfabetos.
Y del total nacional, el 54% de los adultos norteamericanos tienen un nivel de alfabetización inferior al de sexto grado.
Un análisis de la Agencia Gallup publicado hace 5 años (en marzo de 2020) comparó datos recopilados por el Departamento de Educación de los EE. UU. (equivalente a nuestro Ministerio de Educación) durante los años 2012, 2014 y 2017. El resultado no pudo ser más desolador: 130 millones de adultos estadounidenses tienen habilidades de alfabetización bajas. Lo que significa que más de la mitad (54%) de los estadounidenses de entre 16 y 74 años leen por debajo del nivel equivalente al sexto grado, según un informe publicado en 2022 por el APM Research Lab.
Además, durante la pandemia (2019-2021) en ese extraordinario país cada distrito escolar fue autorizado a desarrollar sus propios planes educativos a los estudiantes. Algunas escuelas permanecieron virtuales durante 14 meses; otras adoptaron un modelo híbrido de instrucción, y otras más reabrieron sus enseñanzas presenciales al inicio del año escolar 2020-2021.
La disparidad en las prácticas de instrucción durante ese período excepcional produjo diversos resultados de aprendizaje. Entre ellos, y como hace poco informó el NAEP, las puntuaciones de lectura cayeron cinco puntos en esos dos años (2020 y 2022), siendo así el mayor descenso en 30 años.
Un análisis de la consultora empresarial McKinsey & Company, de Chicago, determinó que la pandemia dejó a los niños, en promedio, cuatro meses atrasados en lectura. Y además se ampliaron las brechas entre estudiantes históricamente desfavorecidos y los que ellos llaman «estudiantes de color».
En algunos ámbitos educativos se considera que, dadas las estadísticas, es necesario renovar o cambiar las estrategias para enseñar a los niños a leer, porque diversas investigaciones muestran que «los estudiantes que no leen al nivel de tercer grado tienen cuatro veces más probabilidades de abandonar la escuela».
En algunos estados norteamericanos también se está necesitando prestar atención desigual a ciertos grupos de estudiantes. La dislexia, por caso, recibe una importante atención, con legislaciones específicas en 33 estados. Sin embargo, las necesidades de los estudiantes de inglés (ELL) reciben menos atención, y solo 10 estados incluyen tratamientos en profundidad.
Lo cierto es que es así como, en comparación con otras naciones del mundo, los Estados Unidos se ubican en la posición 125 en materia de alfabetización.
Por eso el analfabetismo ya es considerado un problema grave en los Estados Unidos, donde aproximadamente el 21% de los adultos (o sea, unos 40 millones de personas) son considerados analfabetos. Y ese porcentaje incluye tanto a personas que no pueden leer ni escribir a nivel básico, como también a aquellos que, aunque pueden leer frases simples, no tienen dominio completo de la lectoescritura ni habilidades numéricas básicas. De donde las comprobaciones resultan asombrosas ―y preocupantes― en casi en todos los órdenes.
El analfabetismo, cabe recordarlo, suele definirse como la incapacidad de leer y escribir mensajes cortos, o no tener la capacidad de comprender textos apropiados para cada nivel de educación.
El panorama, como se aprecia fácilmente, es bastante desolador, sobre todo por lo sorpresivo ya que los datos recogidos provienen de serias y diversas encuestas, análisis y estudios. Que en general coinciden en colofones asombrosos. Como, por ejemplo: casi la mitad de los encuestados (48,5 %) no ha leído ningún libro en más de un año; la mayor población de lectores de libros impresos la componen personas mayores de 65 años de edad: son el 45.1%; el grupo etario de 45-54 años contiene la mayor población de no lectores: 60.9%;los hombres registraron una población ligeramente mayor de no lectores en comparación con las mujeres: 51.4%.
Un informe publicado en 2015 por la muy respetada NEA (National Endowment for the Arts) mostró que la lectura literaria entre los estadounidenses había disminuido significativamente en los 20 años anteriores. Y precisaba que, por ejemplo, en 1992 el 56% de los estadounidenses había leído al menos una obra literaria en el año. En 2014, solo el 46%.
No obstante, y como dato más positivo, según la American Library Association, en 2023 hubo un aumento del 92% en las solicitudes de préstamo de libros en bibliotecas públicas de todo el país.
Claro que casi todos los informes reconocen otro importantísimo problema: la censura:
PEN America registró 10 046 casos de prohibiciones de libros en el año escolar 2023-2024. Dichas prohibiciones de libros se contaron en 29 estados y 220 distritos escolares públicos, siendo Florida e Iowa los Estados donde hubo más censuras.
De los libros más comúnmente prohibidos en el año escolar 2023-2024, el 44% presentaban personas y personajes negros, que ellos llaman «de color».
El 39% presentaban personas y personajes LGBTQ+.
Y casi el 60% de esos títulos prohibidos se dirigían a audiencias juveniles, tratando temas que los jóvenes enfrentan en el mundo real, como el duelo y la muerte, el consumo de sustancias, el suicidio, la depresión y la violencia sexual.
Por supuesto, algunos gobiernos estatales dicen que no censuran. Pero quizá solo el estado de Florida ha sincerado en cierto modo sus políticas al respecto, argumentando que «el material sexualmente explícito y la instrucción no son adecuados para las aulas» y por ello argumenta en los tribunales que «tiene el derecho de prohibir libros simplemente porque el gobierno no está de acuerdo con ellos».
Recientemente el Distrito Escolar del Condado de Nassau aceptó un acuerdo en una demanda federal por acusaciones de censura inconstitucional, y devolvió 36 libros prohibidos a las estanterías de las bibliotecas. Los libros incluyen clásicos como Beloved de Toni Morrison y The Kite Runner de Khaled Hosseini y hasta un libro ilustrado infantil sobre una pareja de pingüinos del mismo sexo.
Entre los libros prohibidos se encuentran títulos de autores universalmente reconocidos, como las laureadas Toni Morrison (El ojo azul), Alice Walker (El color púrpura) e increíblemente Las aventuras de Tom Sawyer (de Mark Twain) y El diario de Anna Frank.
Finalmente, la estadística de los temas literarios que fueron prohibidos en los Estados Unidos es asombrosa:
-48% trataban sobre violencia o abuso físico, incluyendo agresión sexual
-42% eran temas de salud mental, acoso escolar, suicidio, sustancias, salud sexual y pubertad
-33% detallaban experiencias sexuales entre personajes
-30% incluían personajes de color y temas sobre raza y racismo
-30% incluían representaciones de identidades LGBTQ+
-29% incluían temas de duelo y muerte. ■
25 agosto 2025






