El Frankenstein que se está armando

 

EQUIPO DE INVESTIGACIÓN CENTROAMERICANA

 

El ataque estadounidense a Venezuela del 3 de enero no puede calificarse como una medida necesaria, en ningún sentido. Es cierto que el régimen que durante años encabezó Maduro adolecía de fallas (de origen y por adquisición) en el orden político y económico que no se supieron sopesar y, por lo tanto, no se pudieron superar. Es ese el escenario que evaluó Trump y sus halcones para dar el zarpazo.

     La existencia del ‘sistema del narcotráfico’ (no solo en Venezuela, sino en todo el mundo) no es una invención de Trump. La construcción de su relato anti- narcotráfico como elemento principal de sus acciones del 3 de enero en Venezuela es lo truculento.

    A Trump y sus redes de poder les importa un comino que los estadounidenses (un poco más de 20 millones) sufran trastornos por consumo de drogas ilícitas. Esta situación, que debería ser atendida como un problema de salud pública, no es lo que está atrás del ataque a Venezuela y los demás países que ha amenazado. Tampoco está interesado ese dispositivo de poder que encabeza Trump en la vida en democracia en Estados Unidos y en ningún lado. Su estilo tosco y brutal no admite negativas. Le gusta algo, lo toma. Lo compra o lo arrebata.

     Lo que ocurre en el pos bombardeo de Venezuela es un extraño camino político que solo una mentalidad pragmática como la de Trump puede asumir.  Aterroriza Caracas, se lleva a Maduro, prueba sus juguetes tecnológicos de guerra, y en un santiamén tiene a Maduro y su esposa Cilia frente a un juez nonagenario. Y, aquí viene lo curioso, la cúpula que antes dirigía Venezuela, solo que ahora sin Maduro, es la misma que sigue al frente. Todos los personajes que continúan gobernando Venezuela ya hace ratos fueron sancionados por Estados Unidos y, sin embargo, son los que aún tienen el control de la situación interna.

     Y más pragmatismo: hace a un lado, por ahora, a la oposición venezolana, porque si esta interviene en este momento podría generarse un caos espectacular que echaria al traste el equilibrio precario existente. Además, su principal objetivo no es el fortalecimiento institucional de Venezuela, sino que el ‘control petrolero’.  Y como la situación de la producción petrolera de Venezuela, a pesar de su inmensa riqueza en el subsuelo, es precaria, Trump ha considerado que lo primero es buscar una salida rápida para incrementar la inversión extranjera en Venezuela. Hasta ese punto ‘le sirve que sigan’ los que estaban antes, porque no son ellos quienes van a aproximar a los inversores. De hecho, la reciente reunión con las grandes petroleras del mundo, pretendía resolver este espinoso asunto. Las petroleras que ya están en Venezuela han dicho que sí, que incrementarán su inversión allí, pero eso es insuficiente para las ‘ideas de negocio’ que tiene Trump.

     Tal y como van las acciones del gobierno que encabeza la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, aceptando sin rechistar la interlocución con el agresor, tomando medidas de liberalización forzada (al soltar a los presos políticos) y aflojando la soga de la represión, pues pareciera que Trump, con el Frankenstein que está armando, los va a llevar a la realización de elecciones libres y supervisadas (por Estados Unidos), y quizás es ahí donde la oposición intervendrá.

14 enero 2026

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