FRANCISCO GAVIDIA

 

Sarbelio Vicente Navarrete

[San Vicente, 29 noviembre 1880 – San Salvador, 2 junio 1952]

 

El solo nombre de Francisco Gavidia, despierta los sueños que forjaba mi espíritu en los albores de mi adolescencia. Allá en San Vicente, mi querida ciudad natal, arios estudiantes llenos del más vivo entusiasmo por el cultivo de las bellas letras, pensábamos ser en lo futuro grandes pensadores, grandes poetas como Gavidia. (No os riais de nuestra puerilidad: la juventud es digna de respeto, sobre todo cuando es soñadora). Él era nuestro modelo, nuestro ídolo; y halláramos o no quien nos escuchase, recitábamos los versos que habíamos mandado a la memoria, tales como ‘A Centro América’, ‘En el Centenario de Bolívar’, ‘Romanza’, trozos de ‘Júpiter’, y otras bellísimas producciones suyas que ha colocado la crítica entre las primeras que han salido de plumas hispano-americanas.

     Cuando en el mes de enero de 191 1 llegué a esta capital con el objeto de obtener el grado de Bachiller en Ciencias y Letras, fue por Gavidia por quien pregunté primero. Era una ansiedad indescriptible la que sentía en el alma por conocerlo. Y cuando un amigo mío me dijo frente al Palacio Nacional: «ese es», señalándome al hombre que tanto admiraba y admiro, tuve fuertes impulsos de satisfacer los deseos que sentía de estrecharle la mano con que ha escrito y sigue escribiendo prodigiosos versos y sobre Filosofía, Ciencia, Arte, Literatura, Historia, impulsos que tuvieron necesariamente que estrellarse ante los valladares de mi natural hurañería. No fue sino mucho tiempo después que tuve la satisfacción de ver cumplidos esos fervientes deseos.

*

*    *

La influencia literaria que ha ejercido Gavidia en Centro América, es de todos conocida. Es el maestro. Se le quiere, se le aprecia, se le admira. Su intelecto poderoso, su bondad a toda prueba, su ilustración vastísima, son cualidades demasiado raras para que se las pueda ver con indiferencia y no se les rinda el debido homenaje. «Él cree en la eficacia de la justicia —ha dicho un notable escritor salvadoreño—, y entonces es uno de esos caballeros legionarios que va regando benedictinamente su verbo a la riba de su sendero maravilloso, en la plena confianza de que al volver sus ojos lo encontrará florecido de Amor y de Fraternidad». Sin embargo, a nuestra más grande figura intelectual no se le ha hecho verdadera justicia todavía. Aunque Gavidia no se preocupa absolutamente nada por ello. Tiene conciencia de su propia valía, de su gran personalidad. Las generaciones venideras apreciarán su obra ingente, su obra de gigante en lo que realmente vale, y aun cuando esto no sucediera siempre seguiría trabajando con el mismo entusiasmo de ahora, sin desmayar ni un solo momento.

 

San Salvador, 1918.

[Ateneo de El Salvador, Revista de Ciencias, Letras y Artes, Año VI, Nos. 57 al 68, enero-diciembre, San Salvador, 1918, pp..1198-1199]

 

Deja una respuesta