La cucaracha
MIGUEL ÁNGEL ASTURIAS
A media noche llaman a un cura para ir a confesar un indio. Esto pasa, reza el cuento, en un pueblecito de la montaña. Va el cura, confiesa al enfermo y ya confesado se encuentra con que no tiene cómo darle la comunión. Los parientes se impacientan y el indio no quiere pasar a mejor vida sin estar confesado y comulgado, como lo manda la Santa Iglesia. En estas y las otras, el cura ve bajo unas tablas una cucaracha. El Espíritu Santo le alumbra con un relámpago la mollera para salir delante de aquel atolladero, y antes de extinguirse la sagrada luz de oro, el cura disimuladamente le da caza a la cucaracha, le arranca un ala y del ala toma un pedacito, que en los dedos ofrece al moribundo:
―¿Crees, hijito, que este es el cuerpo de Cristo?
―Sí cree, padre.
―¿Crees que en esta partícula de la santa forma está el cuerpo de Cristo?
―Sí, padre, sí cree…
―¿Crees que esta es tu salvación?
―Sí lo cree.
―Pues si así fuere…
A darle de comulgar iba, cuando el indio se incorporó y dijo:
―Sí, padre, sí cree, ¡pero no me la trago!
Algo por el estilo pasa con la Constitución que, hecha y contrahecha, tratan de hacernos pasar. Ala de cucaracha en mano, se acercan sus progenitores al pueblo de Guatemala:
―Pueblo, ¿crees que esta Constitución guarda tus derechos y te pone al abrigo de las arbitrariedades de tus verdugos?
―Sí ―responde el pueblo―, sí, mi querido liberal, sí cree…
―¿Crees que ella es tu salvación?
―Sí, mi suave conservador, sí cree…
―¿Crees que con las adiciones y reformas que imaginara nuestro partido, la Constitución es lo mejor de lo mejor, el no más allá de lo mejor?
―Sí, mi viejo cabrerista, sí cree.
Dicho esto, cuando se trate de dársela, como el indio, el pueblo de Guatemala, aunque moribundo, dirá:
―Sí cree, pero no me la trago…
25 febrero 1928
Miguel Ángel Asturias, «La cucaracha», El Imparcial (25 febrero, 1928), de Guatemala, y reproducido en Repertorio Americano (19 mayo 1928), de Costa Rica.


