Las actuales letras salvadoreñas
ÁLVARO MENÉNDEZ LEAL
[Santa Ana, 13 de marzo 1931 – San Salvador, 6 de abril 2000]
… La primera generación de la dictadura (podemos llamarla así, pues nos hemos puesto de acuerdo por lo menos dos personas en llamarla como primera generación de la dictadura) que sería la de 1930 a 1945, estaba realmente dotada; tenía mucho talento y hasta comenzó a tratar con bastante disciplina y con bastante entrega los problemas de interés social, los temas sociales en nuestra literatura. Pero la situación nacional fue haciéndoles degenerar. Se tuvieron que dedicar a una serie de labores al margen de su propia creación y formación. A esta generación pertenecen nombres como Hugo Lindo, Escobar Velado, Ibarra, Carlos Lobato, Alfonso Morales, Antonio Gamero, que constituyen un grupo que se llamaba El Grupo Seis, con cierta inclinación por la literatura social, con cierta afición por la temática social.
Por entonces ocurre en Guatemala una revolución, que es la Revolución de 1944 ―lo más cercano que haya estado Centroamérica de una revolución― que tiene una gran importancia para el desarrollo literario también en El Salvador. Gracias a esa Revolución, en Guatemala comienzan a editarse libros masivamente. Gente como Cardoza y Aragón, etc., trabajan seriamente por la literatura. El Estado edita sistemáticamente en ediciones grandes y distribuye bastante bien los libros; en El Salvador vivimos entonces un momento de exaltación revolucionaria, aunque no una revolución; eso se nos pega como una infección agradable, y nos enamoramos ‘de la Revolución guatemalteca’ y nos suscribimos a ella en todas las formas posibles, nos hacemos corresponsales de sus revistas: por ejemplo, la revista Saker-ti, la Revista de Guatemala, etc. Recibimos los libros editados en el país.
Eso ocurre en el momento en que hacemos los estudios secundarios, es decir, estamos en plena formación. Y fue importante para nosotros que ello ocurriera en ese momento, porque contribuyó a que nos definiéramos en nuestra condición de escritores, en nuestra condición de ciudadanos.
En ese contacto con Guatemala vivimos también una etapa de formación revolucionaria. A eso atribuyo el hecho de que todos los miembros de la generación a la que pertenezco sean francamente de izquierda o coqueteen alguna vez con la izquierda; pero en todo caso que tengan una suerte de vida política, o una suerte de vida íntimamente ligada a la política, y que hayan pasado por la prisión y por el exilio, por la persecución constante, por la vigilancia constante que siguen siendo las normas de vida en El Salvador, para nosotros y en general para todos.
En la primera y frustrada generación de la dictadura, la persona más saliente es Hugo Lindo, poeta, cuentista y novelista, y abogado. Sin embargo, no tuvo el suficiente impulso para ser un escritor de la magnitud que necesita El Salvador, que necesita cualquier país; él se ha quedado ahora en un valor local, con una tendencia a hacer poesías pasteurizadas, homogenizadas, muy limpias de bacterias sociales. Es un poeta católico, cristiano, apostólico y romano. Su poesía es técnicamente perfecta. Es un hombre increíblemente dotado para la poesía desde el punto de vista técnico, formal: una poesía de una limpieza total, pero sus construcciones tienen el valor de una construcción abstracta: finalmente no dicen nada.
Es un poeta local, sin mayor valor internacional, lo cual es lamentable porque sinceramente tiene talento.
Fuera de él, todos los demás tuvieron problemas políticos. Escobar Velado, un hombre a quien la preocupación por la poesía social hizo descuidar los problemas formales de la poesía misma, no tiene disciplina personal ―hay que decirlo― hasta el grado en que llegó el momento en que también se había degenerado en su producción poética. Sin embargo, tiene unos cuantos poemas realmente valiosos desde el punto de vista poético y desde el punto de vista de continente y de contenido.
Y luego Carlos Lobato, Alfonso Morales, Antonio Gamero, etc., todos ellos tuvieron alguna vez una situación y una actuación política. Pero lo que ocurre en el medio tropical nuestro es que apresuradamente se marcha hacia una degeneración si no se tiene la suficiente madurez, la suficiente valentía para una entrega al arte, a la responsabilidad de ser artista, la suficiente valentía y disciplina para mantenerse permanentemente formado e informado y produciendo, que al fin y al cabo somos escritores y lo que menos puede esperarse de nosotros es que escribamos constantemente; que no se nos exija la mejor calidad, porque ese ya es otro problema, pero por el momento que se nos exija producir.
De estos nombres que les doy de la primera generación de la dictadura, solo Hugo Lindo continúa produciendo sistemáticamente. Escobar Velado, murió; Carlos Lobato llegó a la Secretaría de Educación y no tiene ninguna importancia ya como escritor, se hizo un burgués acomodado y vive muy tranquilo; Alfonso Morales no tiene ninguna importancia; y Antonio Gamero, después de ser un poeta que fue esperanza para todos nosotros, para los lectores de poesía en El Salvador, para el pueblo salvadoreño que se enteró de su existencia y de sus poemas, después de ser una esperanza resultó ser una frustración más para todos. Ahora escribe constantemente en los periódicos artículos denunciando las vinculaciones marxistas de los jóvenes poetas salvadoreños …
… Tal vez les sorprenda un poco mi tendencia negadora. En El Salvador los jóvenes nos hemos visto obligados a tomar una actitud así; era necesario hacer una labor de limpieza con el país. Antes de empezar a producir: limpiarlo. La limpieza no ha podido hacerse todavía, pero en el terreno literario hemos limpiado bastante, hemos llamado a la gente con su nombre y la hemos colocado en su sitio, y hay un franco y total rompimiento con los que no se unifican en la limpieza. …
… La segunda generación de la dictadura, cuantitativamente es menos dotada que la primera, puesto que aquella había nacido antes de la dictadura, y había tenido un poquito de conocimiento de las elecciones libres, las anteriores al ascenso al poder del grupito ametrallador de Martínez.
Lo más destacado de esta segunda generación de la dictadura son las mujeres. Una de ellas es Matilde Elena López, que a raíz de los problemas políticos en El Salvador se marcha a Guatemala, forma filas con la Revolución guatemalteca, trabaja allí y luego, al derrocamiento de la Revolución, sale como una exiliada más de Guatemala, y en Ecuador termina de formarse en la Universidad de Quito. Ha sido Vicedecano de la Facultad de Humanidades de El Salvador; una mujer especialmente dotada para el estudio literario, bien formada, realmente bien formada, y muy informada, muy respetada.
Y la otra es Claribel Alegría, que ha pasado fuera de nuestro país mucho tiempo por razones de tipo familiar, primero estudiando y después por haber formado familia fuera del país, y ahora llega a El Salvador muy incidentalmente.
En ellas dos recae la importancia de la segunda generación de la dictadura. Claribel Alegría, fundamentalmente poeta (alrededor de siete libros de poesía), está hoy, como muestra de su vigor poético y creador, trabajando en otro género, la novela. Ha aparecido recientemente en Seix Barral, Cenizas de Izalco, una novela con preocupación social.
En lo último de su poesía también se nota esa preocupación. Siempre me pareció a mí más lírica que otra cosa, pero ya en su último libro, Vía única, he notado también esa tendencia.
Después de esa segunda generación de la dictadura (un período en que estando en el exterior ellas dos, que eran lo más destacado de esta segunda generación de la dictadura) en El Salvador no había nada. Nosotros, los que aparecimos en 1950, creemos eso, por lo menos; solo teníamos los viejos ejemplares de la fauna poética local, que nos decepcionaban no solo literariamente sino en todos los órdenes de la vida; no eran ejemplo para nosotros tampoco en la formación ni en el rigor ni en el vigor creador; gente que se dedicó excesivamente al alcohol, a la vida desordenada, al extremo de morir intoxicados.
Todavía algún miembro de mi generación llegó a morir en esa forma. Yeso es producto de la situación social que vive el país: la única liberación que se ofrece a nuestros espíritus en El Salvador es emborracharnos frecuentemente, de tal manera que en ciertas circunstancias todo lo que puede ocurrir es una degeneración. Más adelante les diré por qué razones mi generación, junto con la segunda generación de la dictadura, ha logrado librarse de esa degeneración; lejos de eso, ha recibido el vigor que no tuvieron las anteriores.
En 1950 aparece un grupo quizá demasiado numeroso para ser valioso; es al que pertenezco yo. Todos nacemos entre 1930 y 1939. En este período, en esa década se integra ese grupo, que tiene una serie de nombres. La generación comprometida, por un lado. Yo trato de ver cómo de alguna forma impongo dos nombres: uno, la generación internacional; y otro, la generación espontánea. Ya les hablaré también de eso.
Gentes como Waldo Chávez Velasco, Ítalo López Vallecillos, Eugenio Martínez Orantes, Orlando Fresedo (quien murió intoxicado), Irma Lanzas, Jorge Cornejo, Danilo Velado, José Luis Urrutia, Félix de Alba, ‘Ricardo Bogrand’, Mauricio de la Selva, Mercedes Durand, Roque Dalton, Julio Ernesto Contreras, Armando López Muñoz, Roberto Armijo, Manlio Argueta, José Roberto Cea.
De ellos, algunos han defeccionado totalmente de la literatura y están dedicados a negocios paraliterarios. El periodismo en El Salvador es un negocio paraliterario, al que llega no solo el que tiene vocación periodística, sino el que le da la gana, y hace lo que le da la gana.
Pero suprimidos estos, los demás hacen alguna forma de literatura. Eugenio Martínez Orantes, por ejemplo, hacía discursos para la Primera Dama de la nación; es una forma de la ciencia-ficción, respetable en un país.
Para que tengan una idea de lo que somos, de dónde venimos a donde vamos, les hablaré un poco de cada uno, así, brevemente.
Waldo Chávez Velasco, con mucho talento, es un oportunista político. Se aprovechó hasta donde pudo de la ingenuidad de la izquierda salvadoreña, y con su apoyo, con el beneplácito del partido [comunista], creció, quizá sin merecerlo. Tenía que saltar, desde luego, porque no había una armazón que sostuviera esa superficie. Viajó mucho por Europa, por la URSS, por China, etc. Después, hizo denuncias políticas contra la izquierda y pedía la represión desde el diario que dirigía. ¡Ojalá esto cure de ingenuidades a la izquierda en El Salvador!
Ítalo López Vallecillos, otro hombre de mucho talento, se ha conservado mucho más recto. Porque todos, todos estos nombres, toda esa generación, es una generación con un interés político. Waldo Chávez en este momento está haciendo política, a su manera y con la indecencia necesaria para hacer la política que él está haciendo. Ítalo López Vallecillos dirigió la Editorial Universitaria; un hombre estudioso, especialmente dotado para el ensayo de tipo histórico, la investigación histórica, y es poeta, además.
Orlando Fresedo, un hombre de un talento extraordinario para la poesía, de un frescor, con una capacidad de creación increíble; un mitómano también increíble, indetenible, incurable, que se ahogó en metáforas, pues no creo que se haya ahogado en alcohol. Y murió en la calle, intoxicado de alcohol de metáforas, en todo caso y, desde luego, carece de toda importancia, porque murió joven. Es un asesinato que cometió el medio; la situación que vivimos en El Salvador lo asesinó.
Irma Lanzas es la esposa de Chávez Velasco: carece de importancia. Jorge Cornejo, un muchacho adscrito a nuestra generación un poco más tarde, no es un gran producto ni cualitativa ni cuantitativamente. Danilo Velado, liquidado. José Luis Urrutia, liquidado. ‘Ricardo Bogrand’, un hombre de extracción popular, con mucho talento, tuvo que abandonar la vocación literaria por un tiempo y formarse en antropología en México. Al terminar antropología, hoy ha regresado a El Salvador y ha comenzado de nuevo a acercarse a la literatura. Ya tiene la formación que le ayudará a vivir en nuestro país, aunque hasta donde sé, todavía no tenía trabajo. No hay trabajo para antropólogos en El Salvador.
… En 1950 sale oficialmente a la luz pública este grupo. Publica (yo estudiaba en la escuela militar y no pude participar en el asunto) un libro titulado La bomba de hidrogeno, en 1950. Un crítico literario (hay que llamarlos en alguna forma) dice que lo único homogéneo en este libro es el afán de atacar a los Estados Unidos. Pero yo no los culpo: si a estas alturas no sabemos todavía cómo decir las cosas, es porque nacimos entre 1930 y 1939, y en 1950 éramos unos chiquillos…
… Revelaba ya, pues, ese grupo, desde su primera salida, una preocupación social. Se evidenciaba inicialmente la influencia de Neruda, primero como una corriente neorromántica; luego el nuevo Neruda que rompe sus poemas antiguos, que canta al Ejército Rojo … A partir de ese momento tampoco nos abandona la temática social. Persistimos en ella y en un leitmotiv constante, y hacemos también una forma de vida esa preocupación.
Luego hay cierta coyuntura que nos salva: la emigración. Voluntaria o involuntariamente, nos vamos de El Salvador, por el exilio o porque de alguna forma nos sentimos presos en nuestro país de tal forma que debemos irnos; y nos vamos, a los quince años, a los dieciséis. Eso también contribuye a la salvación de la generación aparecida en 1950, gracias a la vinculación que tiene con el movimiento del exterior, su interés por la temática y por la técnica cultivada en el exterior. Por eso trato de llamarle una generación internacional.
Así, me voy yo mismo a México, se va también Mauricio de la Selva, Mercedes Durand, ‘Ricardo Bogrand’, López Muñoz. Nos vamos a México, trabajamos allá; vemos una serie de cosas que es imposible ver en un medio como el salvadoreño: los cine-clubes, por ejemplo. En El Salvador no hay un cine-club, no hay cinemateca. No es posible ver El acorazado Potemkim, no es posible que lo haya visto nadie en El Salvador por lo menos después de 1925 o algo así. Por suerte, al irnos hemos tenido contacto con eso y hemos conocido una serie de cosas básicas.
López Vallecillos, Chávez Velasco, se van a Europa. Dalton a Chile y Europa. Esto nos ha librado a todos del medio, y es en este grupo que emigra donde están los mejores valores, porque haciendo una selección, la nómina inicial se puede reducir a la mitad de ese grupo de 1950. Si nos ponemos un poco más estrictos, menos de la tercera parte, con Waldo Chávez, López Vallecillos, Mauricio de la Selva, Roque DaIton, Roberto Armijo y yo como los mejores. Más estrictamente, quizá solo Dalton y yo tengamos valor. Ya lo veremos.
Terminamos de formarnos en el exterior. Chávez Velasco en Europa termina su carrera de abogado. ‘Bogrand’, de antropólogo; Mercedes Durand, de filosofía; López Vallecillos hace periodismo en Europa; Dalton trata de continuar sus estudios y una serie de circunstancias se lo impiden.
… Para hablar un poco de géneros la poesía es en el continente el género más favorecido, o por lo menos cuantitativamente más favorecido. Se escriben más versos, no necesariamente poesía, pero si más versos. Podemos decir que hay centenares de libros de poesía presentados a los certámenes; y en cambio no hay centenares de libros de ensayo; de cuento tampoco hay centenares. La poesía, pues, en mi país, como en el resto de América, es el género más cultivado.
Los intentos, en el siglo pasado y toda la mitad del presente siglo, en otros géneros que no fuera la poesía, han sido intentos de aficionados, de aficionados provincianos, muy locales, sin ninguna posibilidad ya no de triunfar, sino de ser conocidos en El Salvador, a no ser como mera curiosidad por algún especialista o algún catedrático de literaturas exóticas. No hay cuentistas fuera de Salarrué, hombre muy bien dotado para el género, con una intuición magnífica para el género cuento, increíblemente dotado, respetable, pero que se ha quedado en una pequeñez culpable porque no hizo el esfuerzo necesario para formarse, y es necesario formarse para ser escritor. En El Salvador esto es una verdad terrible que no se termina de descubrir.
Salarrué pudo crecer más, realmente crecer; aun así, ha crecido bastante, tiene todo para ser un cuentista en serio. Sin embargo, hay que traducirlo al español. En El Salvador (para demostrar al extremo a que se llega) pienso un día editar una selección de sus cuentos traducidos al español. Desde luego, escribe en español, pero con un lenguaje tan local, no solo en el lenguaje de los personajes sino en las descripciones, en todo, que es necesario hacer una traducción al español, porque ya ha dejado de ser ése nuestro lenguaje, si en algún momento acaso lo fue.
En realidad, el género cuento no tuvo nunca demasiada importancia, pero ahora sí la tiene. En Centroamérica el género estaba polarizado en Guatemala, era allí donde se daban los cuentistas. De unos años a esta parte, la polarización de Centroamérica entera en el género cuento está en El Salvador… Allí [en Centroamérica] hay bastantes hombres con obra vasta y respetable en el género cuento, con ediciones en Europa, con traducciones en numerosos idiomas y publicados en revistas. O sea, cultivando el género con un sentido seudonativista o falsamente folklórico.
La novela está todavía en formación. Tan en formación está que el intento más logrado es también el más reciente, que es la novela de Claribel Alegría y Darwin Flokoll, Cenizas de Izalco. Antes de eso, ninguna novela de El Salvador podía ser editada fuera de El Salvador, ni francamente leído en El Salvador. Tengo que ser honesto con ustedes: no se puede presumir de una literatura cuando no la hay. Está pues, en construcción, en fabricación el género en El Salvador; estamos descubriéndolo.
En teatro pasa lo mismo, aunque sí había habido intentos en los veinte o veinticinco años anteriores a mi generación, e inclusive antes de ese intento por parte del propio Gavidia en el siglo pasado, y aparte de que quizás el éxito mayor en teatro haya sido una tragedia sobre Morazán en 1845 [de Francisco Díaz]. Pero son datos que les doy como una curiosidad literaria, ya que no existía el teatro.
Lo que es habitual, lo que es normal, lo que es quizás el género más favorecido por el público en la zona en que estarnos, en Centroamérica, es la poesía.
Julio Fausto Fernández, un hombre sensiblemente cultivado para el ensayo, un hombre de una formación, filosófica muy sólida. El ensayo ha tenido gente que se ha dedicado al género con acierto. El error sí ha sido sistemático. Cuento, poesía, novela, teatro y error como género nacional en El Salvador. ■
Caracol, agosto, San Salvador, 1974, pp. 15-18.

