Repsol se juega 13 000 millones en Venezuela

 

MIGUEL Á. PATIÑO

 

Repsol es el grupo español que más dinero se juega en Venezuela. Tras Estados Unidos, es la mayor fuente de reservas y producción de hidrocarburos de la primera petrolera española.

     Repsol es, sin duda, la empresa española que más dinero se juega en Venezuela. La primera petrolera española concentra allí una gran parte de sus reservas mundiales de petróleo y gas, y de su producción.

     En concreto, según datos de 2024, la producción anual de Repsol en Venezuela se elevó a 24 millones de barriles equivalentes de petróleo (mbep). Aunque es fundamentalmente gas, los mbep permiten equiparar gas y crudo, para hacer la equivalencia económica. A precios de mercado, esa producción supone más de 1400 millones de dólares (más de 1200 millones de euros). El barril de petróleo Brent cotizaba la pasada semana a una media de 60 dólares.

La producción de Repsol en Venezuela se queda en ese país, entre otras razones por las restricciones comerciales impuestas por EEUU para exportar hidrocarburos desde ahí. Repsol se ha convertido en una pieza clave de la economía venezolana porque el 33% de todo el gas que consume ese país es el que extrae la petrolera española. Sin él, la economía se pararía.

     A pesar de todas las restricciones geopolíticas que pesan sobre Venezuela, la producción de Repsol ha ido aumentando en los últimos tres años: 23 mbep en 2023 y 21 mbep en 2022. Según los últimos datos, la producción sigue creciendo.  En el primer semestre de 2025, la producción diaria alcanzó los 70.500 barriles equivalentes de petróleo, frente a los 65.000 barriles diarios de media del primer semestre de 2024.

     Venezuela es, en estos momentos, el segundo país más relevante en producción para Repsol en su división de upstream (exploración y producción de hidrocarburos). Sólo está por detrás de EEUU, con 71 mbep.

     Con todo, lo más relevante de Repsol en Venezuela no es la producción diaria de hidrocarburos, sino los que aún guarda bajo la tierra. Son las denominadas «reservas», el auténtico tesoro de una petrolera. Lo importante son las reservas «probadas», es decir, yacimientos de petróleo y gas que se sabe que existen y que, además, son extraíbles, aunque aún no estén en fase de desarrollo o explotación. Según la auditoría externa encargada por Repsol para evaluar sus reservas, el grupo tiene en todo el mundo «reservas probadas estimadas, desarrolladas y no desarrolladas, de petróleo crudo, condensado, líquidos del gas natural y gas natural» de 1747 mbep sumando las que gestionan las sociedades en las que participa y las filiales totalmente controladas. De esos 1747 millones de barriles equivalentes de petróleo, 256 millones están en Venezuela. Es decir, casi un 15% de las reservas de petróleo y gas de Repsol están en Venezuela.

     A precios de mercado, y tomando el precio del barril de Brent de 60 dólares de la pasada semana ese tesoro supone más de 15 300 millones de dólares (13 000 millones de euros al cambio actual).

     Venezuela es el segundo país en reservas para Repsol, solo por detrás, de Estados Unidos, donde suma 753 mbep. La mayor parte de las reservas venezolanas (cerca del 90%) son gas, y el resto petróleo y equivalentes. El ataque de Estados Unidos a Venezuela de este fin de semana, para derrocar al presidente venezolano Nicolás Maduro, mete al país en una incertidumbre sin precedentes. Aunque el análisis político sea muy controvertido a nivel mundial, ese ataque, y la consiguiente captura de Maduro por parte de EEUU, empresarialmente beneficia, a priori, a Repsol.

     La petrolera española llevaba desde marzo negociando con Trump para evitar el bloqueo decretado por la Casa Blanca a las exportaciones de hidrocarburos desde Venezuela. Las negociaciones no habían tenido éxito porque el objetivo de Trump era derrocar a Maduro.

     Una vez que este ya no está en el poder, es previsible que ese bloqueo se levante. Sobre todo teniendo en cuenta que el objetivo de Trump es tutelar al país hacia un nuevo Gobierno y facilitar el desembarco de los colosos petroleros americanos como Exxon, Chevron y ConnocoPhilips en el crudo y gas de Venezuela. Éste es el país con más reservas del planeta, con 300 000 millones de barriles (ver información adjunta). Un problema de Repsol en Venezuela, además de no sacar todo el petróleo que le gustaría, son las cuentas por cobrar de la petrolera estatal PDVSA, su socio obligado. Repsol ha ido provisionando sus cuentas para evitar un agujero por esas deudas en caso de impago. A junio de 2025, la exposición por este motivo bajó a 330 millones de euros, frente a 504 millones a diciembre de 2024 (llegó a unos mil millones hace años). En términos contables, es el único riesgo que recoge Repsol como exposición patrimonial en Venezuela.

     No ocurre así con las reservas porque estas, aunque no puedan ser exprimidas, no han sido expropiadas, como sí ocurrió con YPF en Argentina. Además de PDVSA, parte de los pozos de Repsol en Venezuela los tiene con la italiana Eni. En una industria como la petrolera, donde lo habitual es compartir riesgos, Repsol no tendría inconveniente en sondar alianzas con Exxon, Chevron y Connoco si estos colosos vuelven a Venezuela.

     Repsol desembarcó en Venezuela en 1993 para desarrollar su creciente upstream (exploración y producción de petróleo y gas). Fue un hito en la expansión de Repsol y de las compañías españolas en Latinoamérica. Formó parte de lo que se conoció como la nueva conquista de Latinoamérica por parte de España. La relación Repsol-Venezuela siempre ha sido tempestuosa. Un momento crítico fue la Ley de Hidrocarburos, promulgada en 2001 por Hugo Chávez, que buscó «devolverle al Estado los recursos naturales» nacionalizando pozos u obligando a crear empresas mixtas con el monopolio estatal PDVSA (Petróleos de Venezuela S.A.). Chávez, antecesor de Nicolás Maduro, llegó a considerarse el gran señor del petróleo de Latinoamérica, más allá de Venezuela.  En 2011, por ejemplo, amenazó a Repsol con restringir su negocio en Venezuela si el grupo español demandaba a «un país amigo» como Argentina por la expropiación de YPF.

     El barril Brent cerró el pasado viernes, antes de la captura de Nicolás Maduro, en 60,75 dólares. Era la primera cotización de 2026. Seguía la senda bajista de 2025, ejercicio en el que cedió 20 dólares.

     Este margen es el colchón del mercado, que hoy, cuando se reactiven las cotizaciones, realizará la gran prueba sobre el impacto de los sucesos del fin de semana en Venezuela. Los expertos preveían bajadas en 2026 hasta 58 dólares. Ahora están divididos, pero en general hay tranquilidad.

     La Opep, que agrupa a los doce mayores exportadores de petróleo, entre ellos Arabia Saudí, Rusia y Venezuela, confirmó ayer que mantendrá su oferta de crudo hasta abril, sin reaccionar a las turbulencias de Venezuela. Este país denunció a Estados Unidos dentro de la Opep, sin consecuencias. Todo ello a pesar de ser el que más reservas del planeta tiene: 300 000 millones de barriles de petróleo y gas, el 18% mundial. Es más que Arabia Saudí (267 000 millones). Su problema es que su maquinaria está tan obsoleta que es el que menos produce. No llega al millón de barriles al día, frente a nueve millones de Arabia Saudí, el líder.

     Aún es pronto para valorar el impacto en Repsol de los acontecimientos ocurridos este pasado fin de semana en Venezuela. Pero cómo se desarrolla a partir de ahora la situación en ese país va a ser clave para decidir algunos movimientos corporativos estratégicos de la primera petrolera española a corto y medio plazo. Uno de ellos es la potencial colocación en el mercado de parte de su filial de upstream (exploración y producción). Repsol ha ido dando pasos para adornar esa filial y limpiarla de activos no estratégicos. Por ejemplo, recientemente ha sellado un mega acuerdo de 4.000 millones para unir Neo Next Energy (su empresa conjunta con HitecVision) a los activos del gigante francés TotalEnergies en el Mar del Norte británico. Repsol analiza varias alternativas para sacar jugo financiero a su filial de upstream, que en su momento se valoró en 20 000 millones. Una opción es buscar un nuevo socio financiero al que venderle una participación directa. Otra opción es la colocación en la Bolsa de Nueva York. Wall Street, a diferencia de los parqués europeos, es más receptivo a las empresas petroleras. Venezuela es una pieza fundamental ya que este país es el 15% de las reservas de Repsol. Pero, ante todo, el grupo español necesita clarificar el futuro de ese país en términos petrolíferos. Hasta ahora, Repsol no ha podido exprimir todo su potencial. Ahora, se puede abrir la puerta para poderlo hacer.

4 enero 2026

expansion.com

 

 

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