In-finito
RODRIGO BARBA
Vivimos en un mundo en ruinas. ¿Es esa afirmación innegable? ¿Cómo se llega a una conclusión así? ¿Simple observación? ¿Conjeturas vacías? Somos parte de una generación que nace a finales de los noventa y que se arrastra al siglo XXI sin saber qué / dónde / cómo / cuándo empezó todo esto a destruirse. La decadencia, el sufrimiento, la muerte, la esclavitud, son conceptos que nos sirven para relacionar ideas, pero qué son las ideas, cómo hace nuestra mente para relacionar ideas.
Vivimos en un mundo en ruinas.
Latinoamérica, África y parte de Asia son la fuerza de trabajo del sistema-mundo. Pero el mundo no era lo que es ahora, esos edificios inmensos y llenos de luz, esas carreteras, esos satélites artificiales girando y girando como un ojo rojo de mosca alrededor de la Tierra, esas cosas no son el mundo.
Esas cosas han irrumpido en el mundo.
¿Pero qué es el mundo entonces? ¿Qué fue el mundo? ¿Qué ha sido el mundo? ¿Qué será el mundo? Roca fundida, átomos, nada. Ahora es todo lo que podemos habitar. ¿Cómo sé esas cosas? ¿Cómo he llegado a esas conclusiones? ¿Observación? ¿Conjeturas ingenuas? ¿Información que me llegó de dónde?
El conocimiento es quizás el problema fundamental del ser humano: nos guiamos en torno a ocurrencias que tenemos acerca de las cosas.
¿Cómo sucede el proceso de conocer?
En su forma más simplificada el conocimiento es una especie de síntesis que ocurre a partir de la información que nuestro aparato sensitivo le otorga (¿le presta?) al intelecto. Por medio del cerebro esa información se transforma en un conglomerado de ideas y conceptos que se interconectan y se relacionan entre sí y dan sentido a las cosas, un bosque antes de ser un bosque era un cúmulo de árboles con características específicas, una serie de fauna diversa y propia de la zona, un tipo de clima, un tipo de suelo, una extensión territorial, unos sonidos, unos olores, unas texturas.
¿Qué significa observar, acaso se reduce al simple hecho de ver y, en ese caso, qué significa ver, está relacionado con los ojos, o está relacionado con la amplitud de la inteligencia sentiente –como dirían los filósofos españoles Ellacuría y Zubiri–, de cada individuo, somos individuos o somos una especie que puede de alguna forma ver en conjunto; de qué nos sirve la historia, la religión, la política, la ciencia o la filosofía?
Lo cierto es que no podemos estar seguros de nada.
La duda es la única forma de conocimiento que podemos habitar con seguridad, es como estar saltando en bloques de hielo en medio del Mar Antártico y de la tormenta más helada de tu vida.
Porque podemos dudar de nuestros sentidos, podemos dudar de nuestro intelecto, podemos dudar de la realidad en que vivimos.
¿Adónde nos lleva la duda entonces? Nos lleva a una serie de ideas pasajeras, de momentos de iluminación y de certezas de corta duración. Podemos dudar del lenguaje, que —según se dice— es El Gran Dueño De Nuestro Entendimiento.
Podemos dudar, incluso, de la duda.
¿Adónde nos lleva la duda entonces? No nos lleva a ningún lugar, uno no avanza hacia adelante o hacia atrás en el descubrimiento de Grandes Verdades, uno, simplemente, se mueve de un bloque de hielo a otro y cada bloque de hielo es diferente, tiene connotaciones disímiles con respecto a los anteriores.
¿Es la duda la fundadora del escepticismo y el filósofo francés René Descartes nos engañó en su Discurso del método o es la duda la fundadora de la ciencia?
Todo se reduce a conocimiento y movimiento, conocimiento y velocidad, conocimiento y desplazamiento.
O mejor dicho:
1) El Todo se mueve.
2) Y se mueve a diferentes ritmos, a diferentes velocidades.
3) Hay que moverse con él.
Huir del estancamiento. Del dogmatismo. De la estrechez de mente y la falta de coraje que nos amarra a una piedra. Saltar entre bloques de hielo. Congelarse en el intento de trascender.
Nuestra condición humana es finita, lo Otro, en comparación con nosotros es Infinito.
Existe un límite (que aún no conocemos, pero que intuimos) en el conocimiento humano.
Lo que podemos conocer es Infinito, lo que a la larga llegamos a conocer es finito.
Se debe de asumir con coraje nuestra finitud en todas sus dimensiones.


