Introducción: 1989, nuevo período político o nueva fase en el período abierto en 1979

MARIO LUNGO


Hace veinte años, el 9 de mayo
de 2005, murió Mario Lungo en San Salvador. Su reconocida trayectoria política por la transformación social y su intensa actividad como investigador urbano constituyen un mojón importante para el quehacer intelectual de El Salvador y de Centroamérica. Había nacido en Tegucigalpa (Honduras) en 1943, pero desde su temprana infancia se trasladó con su familia a El Salvador.

    Se graduó de arquitecto en 1968 por la Universidad de El Salvador. Después le fue concedida una beca en Francia, donde se formó en el Atelier Tony Garnier, de la Escuela Nacional de Bellas Artes, y en el Instituto de Urbanismo de París. Estuvo en 1973 en Chile, cuando se produjo el golpe militar, el 11 de septiembre, contra el gobierno de la Unidad Popular encabezado por Salvador Allende. Mario Lungo desarrollaba sus actividades profesionales y políticas entre Santiago y Valparaíso. Escapó ileso de Chile y se instaló en Costa Rica. Se graduó de la licenciatura en el Programa de Sociología Centroamericana del Consejo Superior Universitario Centroamericano con su tesis Las políticas del Estado y la inversión de capital en Guanacaste (San Pedro Montes de Oca, 1975).

    En 1976, se trasladó a El Salvador donde desplegó una intensa actividad profesional, también realizó elaboración teórica urbana y además se sumergió a fondo en la militancia política, sobre todo la vinculada al movimiento obrero. De esos años es su trabajo Historia del Movimiento Obrero de 1920 a 1977, que desde 1977 circuló en edición mimeográfica sin nombre de autor, pero que, en 1984, fue publicado en México calzado por Mario Lungo.

    Durante la generalización de la guerra salvadoreña formó parte de la dirección de una de las organizaciones político-militares (el Partido Revolucionario de los Trabajadores Centroamericanos), y por eso estuvo en el frente de guerra entre 1982 y 1983. Para 1984 ya se había retirado de la militancia activa y se replegó a Costa Rica donde desarrolló una infatigable labor de análisis político y de investigación urbana en varias direcciones y temas.

    Mario Lungo es quizás uno de los más perspicaces estudiosos de la guerra salvadoreña, a la que tomó el pulso mientras esta discurría.

    Con el fin de la guerra, en 1992, Mario Lungoretornó a radicar en El Salvador, y se dedicó sin pausa a tejer y a ampliar diversas redes de investigación urbana en Centroamérica y América Latina. (Redacción KDP)

 

  •  *       *  
  • *

 

 

Introducción: 1989, nuevo período político o nueva fase en el período abierto en 1979

 

 

MARIO LUNGO

 

 

En los meses que van entre el golpe militar del 15 de octubre de 1979 y la ofensiva general lanzada el 10 de enero de 1981 por el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), llegaron a su maduración plena el cúmulo de experiencias, fallidas y logradas, que el movimiento revolucionario fue acumulando a lo largo de la década de 1970, abriéndose un nuevo período político en la historia del país que, como hemos sostenido en otros trabajos, habrá de cerrarse con el triunfo o la derrota de las fuerzas revolucionarias.

    Diez años después, en medio del despliegue de la guerra popular revolucionaria y de profundas transformaciones en la economía y la población, el panorama político salvadoreño ha sufrido radicales cambios, destacándose dos procesos: la recomposición política de las clases dominantes en una continuada crisis de hegemonía del bloque en el poder, y el vigoroso desarrollo orgánico de la alternativa popular y revolucionaria.

    Estos cambios, cuyo último punto de condensación fue el triunfo del partido Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) en las elecciones presidenciales de marzo de 1989, plantean el interrogante sobre la finalización del período político abierto en 1979.

    El presente trabajo tiene por objetivo avanzar en la respuesta a ese interrogante, analizando los procesos referidos antes.

    Así, en esta introducción se discute si los acontecimientos de 1989 configuran un nuevo período político o una nueva fase dentro del que se iniciara entre 1979 y 1981. La segunda parte analiza los aspeaos claves de la dimensión militar. La tercera observa las transformaciones operadas en la economía y en la población en la década de 1980. La cuarta aborda las características y los límites del proceso derecomposición política de las clases dominantes. La parte final se dedica al desarrollo del pensamiento político y del proyecto orgánico de las fuerzas populares y revolucionarias. Trabajo definitivamente parcial, busca ante todo detenerse en los procesos estructurales que recorren una década decisiva para la historia salvadoreña.

    Ignacio Ellacuría, en un importante artículo, «Una nueva fase en el proceso salvadoreño», publicado en la revista Estudios Centroamericanos (No. 485, marzo, San Salvador, 1989), plantea que a partir de 1989 se inicia una nueva fase en el proceso político salvadoreño, latente a lo largo de los acontecimientos que se desarrollaron durante 1988, y que él calificará como «un año de transición acumulativa». En este artículo se sostiene:

     En este nuevo contexto histórico, que no es una mera coyuntura, debe interpretarse la nueva posición de los agentes principales en El Salvador y en Centroamérica. La hipótesis fundamental que manejamos es que el proceso histórico reciente de Centroaméricaespecialmente en Nicaragua y El Salvadorha de verse como determinado fundamentalmente por el enfrentamiento del movimiento revolucionario marxista con el movimiento dominante, capitalista conservador. Pues bien, este enfrentamiento de características conocidas en los años anteriores ha entrado en crisis y se abre a otro modo, fundamentalmente nuevo y superior, cuyas características pueden ya apreciarse.

    Y analiza, posteriormente, la crisis del proyecto norteamericano, la evolución del planteamiento político del FMLN, la nueva posición de ARENA, el desarrollo de las fuerzas sociales, las transformaciones en las fuerzas armadas, etcétera.

    Importante visión global, de ella compartimos la valoración de las transformaciones que, desarrollándose durante estos años, cristalizan a lo largo de 1989. Hay una relativa diferencia que obedece posiblemente al marco analítico utilizado y que queremos señalar, aunque la intención de este trabajo no es polemizar con este autor: él habla correctamente de que no se trata de una coyuntura, idea que compartimos, sino de la apertura de una nueva fase, la cual podría interpretarse como el inicio de un nuevo período. En nuestra opinión hay efectivamente la configuración de una nueva fase, pero dentro del mismo período político iniciado entre 1979 y 1981, el cual se mantiene vigente en la medida que no ha ocurrido una derrota estratégica del movimiento revolucionario.

    Esta distinción creemos, no es semántica, y el artículo de Ellacuría plantea la fuerza y la evolución del FMLN con mucha claridad.

    Podríamos así identificar globalmente dos fases a lo largo de este período en desarrollo visualizando esquemáticamente los dos polos que se enfrentan en la lucha política salvadoreña. Durante la primera (dentro de la cual hay, evidentemente subfases diferenciadas), el polo contrainsurgente está constituido por el Partido Demócrata Cristiano (PDC), las fuerzas armadas, y la administración norteamericana de Reagan; el polo revolucionario está integrado por el FMLN y el Frente Democrático Revolucionario (FDR). Esta fase cubre casi todo el período en desarrollo actualmente, de enero de 1980 hasta 1988, cuando ARENA logra la mayoría en la Asamblea Legislativa y el gobierno de Duarte comienza a derrumbarse. Durante la segunda fase, el polo contrainsurgente pasa a estar constituido por ARENA, las fuerzas armadas y la administración norteamericana de Bush; mientras el polo revolucionario se mantiene.

    La composición detallada de ellos es más compleja, y su lucha se inscribe en un cambiante contexto político centroamericano y mundial, y en la conformación paulatina de una nueva división internacional del trabajo resultante de los cambios en las economías capitalistas y socialistas en las últimas dos décadas.

   Una cuestión fundamental es común a la existencia de estas dos fases: en ellas se manifiesta la irresuelta crisis de hegemonía en el bloque dominante, la que no puede ser solucionada sin la derrota estratégica de las fuerzas revolucionarias. Persistente crisis sobre cuyos antecedentes volveremos más adelante.

    Los cambios no son solo en la composición de los integrantes de ambos polos, sino también en el interior de los integrantes de cada uno de ellos. Así, el PDC al finalizar la década no es el mismo que existía al inicio de la misma, y su perfil político está muy alejado del que imaginaran algunos de sus fundadores en la década de 1960. Las fuerzas armadas como institución han sufrido modificaciones que van más allá de su espectacular crecimiento y comportamiento en el campo de batalla. Lo mismo ocurre con el componente externo: las administraciones norteamericanas de Reagan y de Bush, cuyas políticas hacia El Salvador, particularmente de la primera, han sido ampliamente estudiadas.

    Es quizás el más nuevo de los actores el más desconocido y del existen pocos análisis. Por eso es que hemos dedicado el cuarto capítulo de este trabajo a observar la recomposición política de las clases dominantes, contexto en que ARENA emerge, luego de 50 años de inexistencia, como el verdadero partido de la burguesía en El Salvador.

    En el otro polo, las modificaciones en los actores han sido también trascendentales, y ellas comienzan, apenas, a ser analizadas. Lo anterior es válido especialmente para el FMLN, en el que su desarrollo orgánico, la evolución de su proyecto revolucionario, y la riqueza de su pensamiento político, solo es explicable cuando se analiza el surgimiento y consolidación de las organizaciones político-militares que lo constituyen.

   Como decíamos al inicio, el proceso de lucha política y militar durante la década de 1980 descansa, se articula e incide en una profunda transformación de las bases económicas, territoriales y demográficas que han ocurrido en el país durante este período.

    Fenómenos estudiados fundamentalmente desde la óptica de la coyuntura económica, ellos tienen que ser definitivamente incorporados en ambos proyectos políticos para que ellos tengan validez, tal como lo plantea Ellacuría en su trabajo citado:

    También es importante la cuestión de la política económica. El gobierno de ARENA que probablemente va a ser liberal en las cuestiones políticas por razón de la apariencia democrática, va a ser muy definido en las cuestiones económicas…. No es que el capital se haya debilitado relativamente durante los años de Duarte. Pero es que ahora pretenderá robustecerse rápidamente. Se supone que esta acumulación rápida de beneficios redundará de algún modo, por desborde, sobre la situación de las mayorías populares. Si el capital logra su propósito y no aparecen ventajas constatables para la mayor parte de la población, la polarización y el enfrentamiento serán inevitables…

    Pero estas transformaciones económicas, territoriales y demográficas, tampoco son ajenas a la dinámica militar del enfrentamiento, y en el que se destacan la construcción de la retaguardia del ejército revolucionario, por un lado, y una profunda transformación del ejército gubernamental, por el otro.

    Así, los cambios que han madurado a lo largo de esta década llegan en 1989 a ser radicales, muestran que no se ha solucionado la crisis de hegemonía en el bloque dominante, sino que solo ha habido sustitución de un componente del polo contrainsurgente (el PDC), por otro (ARENA).

    Esta crisis de hegemonía, que se prolonga ensu nivel global desde la década de 1920, constituye en nuestra opinión el rasgo central del sistema político salvadoreño, y tiene en su base la inexistencia, hasta la presente década, de un partido burgués en el sentido estricto.

    A partir de 1979, sostenemos, se abre el actual período político caracterizado por la suma de esta crisis de hegemonía y la existencia de un proyecto revolucionario de enorme viabilidad. Esto, aunado a la experiencia norteamericana en América Latina y en otros continentes, conduce al diseño de una novedosa y sofisticada estrategia contrainsurgente cuyos ejes centrales son la derrota militar de las fuerzas revolucionarías y la reconstitución del régimen político salvadoreño, es decir, la institucionalización de un gobierno dotado de legitimidad nacional e internacional.

    Esto lleva al acuerdo entre el PDC, las fuerzas armadas y la administración Reagan para impulsar la reconstitución del régimen político a través de una estrategia combinada de combate militar al FMLN, reformas a la estructura económica oligárquica y realización de elecciones no fraudulentas para llevar a un civil a la presidencia de la república.

    Este acuerdo altera la composición del bloque en el poder al introducir al PDC y al no existir una representación política directa de las clases dominantes. El polo contrainsurgente, en la primera fase que mencionábamos, y que se desarrolla entre 1980 y 1988, debió enfrentar no solo a las fuerzas revolucionarias sino a la férrea oposición de uno de los componentes fundamentales del bloque en el poder: la burguesía.

    Las sucesivas elecciones realizadas a lo largo de la década no logran, por lo antes expuesto, solucionar la crisis de hegemonía en el interior del bloque dominante, y por lo mismo no resolvieron la crisis global de hegemonía presente desde hace más de 50 años en la sociedad salvadoreña.

    Las sucesivas elecciones tienen no obstante dos importantes consecuencias: la primera, esperada y buscada, fue la reconstitución del régimen político en el país, es decir, el establecimiento de un gobierno dotado de legitimidad democrática al ser producto de elecciones no fraudulentas, proceso que se refuerza por ser civiles los presidentes surgidos de estos eventos electorales, hecho que rompe con la tradicional dictadura militar impuesta desde hacía más de 50 años en El Salvador. La segunda consecuencia, no pensada, imprevista aun para los que diseñaron una estrategia contrainsurgente que pretendía desarrollar el centro político, fue la reconstitución de la burguesía como clase política, cuya expresión mayor es el desarrollo de ARENA y su triunfo electoral en 1988 y 1989, principalmente.

    Procesos íntimamente vinculados, pero diferenciados, como plantearemos más adelante, no pueden solucionar la crisis de hegemonía al no darse durante su desarrollo, una derrota estratégica del FMLN, sino al contrario, su fortalecimiento al desarrollarse flexiblemente el proyecto y el pensamiento político de los revolucionarios salvadoreños.

    Esta reconstitución política de las clases dominantes es, pensamos, el principal producto no solo de la serie de elecciones realizadas durante la década sino de la estrategia contrainsurgente impulsada por los norteamericanos, que asombrados por este resultado no esperado ven su política hacia El Salvador caer en una profunda inercia de la que aún no se recupera.

    Veremos, en el capítulo IV, como la conformación de ARENA, como el primer y legítimo partido de la burguesía desde la década de 1920, se acompaña de una renovación del pensamiento político de las clases dominantes, expresado en los análisis y las propuestas de política económica hechos por la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social, y el surgimiento de grupos de intelectuales y de publicaciones inexistentes antes en el país, que pueden ser calificados como representantes orgánicos de la burguesía que acompañan al desarrollo del partido de esta clase.

    Al final de esta década, y en la segunda fase del período político que se abriera en 1979, y que podemos ubicar a partir de los resultados de las elecciones para nombrar a los miembros de la Asamblea Legislativa en marzo de 1988, no solo se modifica el polo contrainsurgente al ser sustituido el PDC por ARENA, sino que, y esto es lo más importante, se da un reacomodo en el bloque en el poder al asumir la políticamente reconstituida burguesía su rol protagónico.

    Pero esto no implica la superación de la crisis de hegemonía en el seno del bloque en el poder, porque otro de sus componentes clave, las fuerzas armadas, ha sufrido profundas transformaciones, afectando el sistema de relaciones en interior del bloque en el poder.

    Así, la relación entre las fuerzas armadas y las clases dominantes ha cambiado: ya no hay una dócil obediencia de las fuerzas armadas a las clases dominantes, cuestión que caracterizara 50 años de vida política en el país. Ahora, crecidos, ejerciendo el oficio de la guerra para el cual han sido entrenados, enriquecidos a través del manejo de la voluminosa ayuda militar y económica norteamericana, conscientes de que la mayor parte de los muertos del lado del bloque dominante los han puesto ellos, los militares están en capacidad de independizarse de la tutela de la burguesía, y solo su extremada dependencia de la ayuda norteamericana, fuente por otra parte de su fragilidad, ha impedido tentativas golpistas. Su relación con ARENA es también conflictiva, aunque diferente a la relación que mantuvieron con el PDC durante esta década.

    Existe, entonces, una nueva y compleja red de relaciones y de contradicciones que hacen que la crisis de hegemonía en el seno del bloque en el poder aún persista, mientras la alternativa revolucionaria mantiene su vigencia.

    El período político abierto en 1979 aún estáabierto, en nuestra opinión, y lo ocurrido a partir de 1988, el triunfo de ARENA en las elecciones presidenciales de ese año, y la nueva ofensiva militar lanzada por el FMLN en noviembre de 1989, conforman una nueva fase dentro de este período que ha modificado las reglas de la lucha de clases en el país.

    Panorama de extraordinaria complejidad y movilidad, se inscribe en un contexto centroamericano y mundial con el que guarda definitivas vinculaciones que no pueden ser olvidadas al pensar en el futuro político del país. Los cambios en la política regional donde el diálogo y la negociación se van imponiendo a pesar de las dificultades sobre las soluciones militares. Las crisis recurrentes en el sistema capitalista y la reestructuración de la división internacional del trabajo se acompañan, hoy, por límites encontrados por los países socialistas y sus obligados cambios económicos y políticos, lo que está modificando radicalmente los campos de influencia y la relación de fuerzas en el mundo.

    Es difícil, pues, vislumbrar con claridad el futuro desarrollo político de El Salvador, y en lugar de proponer una serie de escenarios posibles (con lo cual no estamos deslegitimando esta metodología de análisis y predicción política), optamos por colocar en perspectiva los procesos estructurales fundamentales que recorren la intensa historia política vivida por el país durante estos años cruciales.

 

Mario Lungo Uclés (1943 – 2005), «Introducción: 1989, nuevo período político o nueva fase en el período abierto en 1979», en El Salvador en los 80: contrainsurgencia y revolución, Editorial Universitaria Centroamericana / Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, 1990, San José, Costa Rica, pp. 15-22.

 

Deja una respuesta

Follow by Email
Facebook
Twitter
Instagram