Los setenta: una década de novedades históricas en El Salvador
RAFAEL GUIDO BÉJAR
Un nuevo libro sobre El Salvador apareció hace unas semanas en la ciudad de México. Se trata de Crisis política y guerra en El Salvador, de la socióloga mexicana Sara Gordon, publicado bajo el sello conjunto de Siglo XXI Editores y del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM. La muy bien cuidada edición impresa en mayo del presente año, estuvo a cargo de Carmen Valcarce, quien resolvió de forma admirable las dificultades tipográficas que presentan el extenso y complejo aparato de erudici6n y los diversos cuadros y tablas de difícil composición de la obra. La interesante carátula fue diseñada por María Luisa Martfnez Passarge.
Sin duda alguna se trata de un excelente libro. El tratamiento de una vasta información social, los instrumentos utilizados para su recolección y procesamiento, la riqueza del análisis y las sólidas conclusiones, hacen de él un tipo de libro muy poco frecuente en la literatura sobre el tema disponible en la actualidad, tanto a nivel nacional como internacional. El esfuerzo de la autora es asombroso. Su interés por comprender e interpretar una de las décadas de la historia moderna de El Salvador―la década de los setenta, una de las de mayor densidad y concentración política en El Salvador del periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial― comprometió a Sara Gordon a reconstruir históricamente intrincadas relaciones sociales que fueron decantando durante el transcurso de casi todo el siglo XX.
El objeto central de Sara Gordon es el proceso de génesis, constitución y despliegue de la organización popular en un periodo de crisis general de la sociedad salvadoreña. Pero, de forma simultánea a este tema, estudia otros cuatro procesos que son registrados y analizados con similar exhaustividad y precisión sin romper el difícil equilibrio de la pertinencia del manejo de los datos para caracterizar las distintas partes que configuran el problema central de investigación. Estos procesos son:
a) El primer proceso es el de la «erosión de la legitimidad del Estado», donde este último es captado como factor importante del desarrollo económico salvadoreño y como aparato de control y de negociación políticos entre las elites dominantes y los sectores subalternos.
b) El segundo proceso es el de la descomposición de la relación establecida en los años treinta entre la burguesía agroexportadora y las fuerzas armadas, sobre la cual se sostenía todo el andamiaje del poder y la dominación.
c) El tercer proceso es el de la descomposición misma del sistema de poder que, al disociarse los elementos que componían la relación-soporte, también desorganizan las actividades y la unidad misma de otros grupos sociales que, desde la oposición, completaban y legitimaban el sistema político ―la autora se refiere a ellos como «las posiciones centristas».
d) El último proceso, quizás el menos definido, es el de la constitución de una nueva estructura de poder desde la voluntad política de algunos sectores de la derecha, de la mayoría de sectores medios y del gobierno norteamericano.
El orden expositivo de la autora se basa en un riguroso criterio de construcción cronológica que presupone, además de una ardua y paciente reconstrucción empírica de las relaciones necesarias para el tratamiento del tema, una base teórica potente que permita dar coherencia a la ordenación misma de los acontecimientos y hechos que conforman los procesos más importantes. Este orden expositivo es utilizado por la autora con gran habilidad para presentar en forma descriptiva su propuesta explicativa. Así, los dos primeros capítulos son una lúcida síntesis histórica en las esferas de la economía (capítulo I) y de la política (capítulo II) que abarcan cuatro décadas, desde los treinta hasta finales de los sesenta. Cada uno de estos capítulos, sin perder su funcionalidad para la argumentación explicativa en los capítulos posteriores, puede considerarse una unidad en sí misma. Cada uno tiene su dinámica particular y su estructura específica, que explican el fenómeno económico y lo político general del o de los periodos contemplados, sin olvidar subrayar la vinculación con la relación fundamental que guiará luego la convergencia, que propone Gordon, de los procesos a los que se da más importancia en la investigación de la década de los setenta para explicar la organización popular.
Para esto, la autora ha tenido que revisar de manera muy completa y detenida a los principales investigadores de dichos periodos y reflexionar a profundidad sobre las conclusiones de estos investigadores. El resultado ha sido magnífico: ha permitido a la autora plantear conclusiones propias, originales, sobre el significado de los más importantes fenómenos históricos que configuraron, entre otros de más reciente presencia las estructuras sociales y políticas que condicionan y determinan la actividad de los grupos políticos en la actualidad.
En los capítulos del III al VII la autora desarrolla en forma simultánea, los procesos que ya puntualizamos más arriba ―erosión estatal, descomposición de la relación entre los grupos dominantes y la clase política, la desarticulación del sistema político y la emergencia popular―, ocurridos todos ellos, con sus características definitivas, entre 1969 y 1979. También son capítulos extremadamente densos y detallados en donde toman formas concretas las vinculaciones y determinaciones recíprocas de la economía y la política, el Estado y la sociedad civil, las relaciones entre los grupos sociales y su representación ideológica y de poder, entre las elites políticas y sus bases excluidas, etc. La capacidad de Sara Gordon de vincular el dato con el proceso y su significado social y político es una impresionante constante de la difícil reconstrucción que ella hace del proceso salvadoreño.
Así como en el capítulo I la autora presenta una gama de problemas que van desde los de producción y distribución hasta los ocasionados por los precios internacionales de los productos principales de exportación; como también presenta los problemas referentes a las políticas económicas a nivel de la fijación de las tasas de cambio, de las disposiciones fiscales e incentivación industrial; y así como en el capítulo II reconstruye las relaciones que forman a la sociedad política, destacando en el desarrollo de partidos, en los organismos de movilización de los sectores subalternos, en los mecanismos y las líneas de relación internacional y regional, en los impactos de la modernización en el aparato estatal y en todos los aspectos de la vida política, etc.; en los capítulos del III al VII, Sara Gordon desarrolla los diversos aspectos que llevan a la crisis generalizada y a la organización eficiente de los «excluidos».
Con gran precisión, la investigadora se aproxima a los cambios que se manifiestan en la relación básica Estado-clase dominante-grupos populares estudiando los procesos que movilizan la escena política de la década de los setenta: el fraude electoral, el movimiento reformista en el interior de la clase política y, más concretamente, a nivel de las fuerzas armadas, la persecución a la iglesia, la movilización popular, los cambios en los patrones económicos, la centralización estatal y militar, la polarización social, el surgimiento de los organismos político-militares de izquierda (guerrilla) y derecha (escuadrones de la muerte), la unificación de la izquierda, la injerencia extranjera militar y económica, la fuga de capitales y de capitalistas, la fuerte influencia de Nicaragua durante todo el proceso salvadoreño posterior a 1979, etc. Todo esto es una muestra extraordinaria del manejo de las múltiples determinaciones para arribar a una síntesis social y política explicativa.
En el último capítulo, la autora analiza las condiciones que permiten a los grupos de izquierda organizar lo que se ha llamado la ofensiva general (inicialmente ofensiva final). Presenta la manera como se han formado y enfrentado abiertamente tres proyectos políticos y sociales que buscan preeminencia en la sociedad: el proyecto reformista (impulsado por sectores medios y los Estados Unidos), el de izquierda (orientado por el FMLN) y el de la derecha, que no era otra cosa, en aquel momento, que una vuelta al pasado. Quizás en este momento ya sea un programa menos añorante. La autora detecta la prolongación de la guerra, la debilidad también en aquel momento de la unidad de la izquierda y la progresiva intervención norteamericana en Centroamérica, así como la regionalización del conflicto. En el epílogo, Sara Gordon reconstruye con una envidiable capacidad sintética los movimientos de los grupos políticos provenientes de los sectores medios y de la derecha, cuyo objetivo era crear un sistema y un régimen político nuevos que permitieran la estabilidad social y política ante las efectivas prácticas desestabilizadoras del FMLN, cuya actividad también es presentada con mucha precisión. La autora reconoce las dificultades de este último grupo para diseñar su forma de movilización en el interior de una nueva situación política, ante actores políticos que se habían modificado orgánicamente y que habían adquirido conductas políticas ante las cuales era necesario rearticularse.
Una de las hipótesis más sugerentes que la autora nos presenta para comprender la actualidad política salvadoreña abre toda una perspectiva de investigación: el final, como ella le llama, del autoritarismo vertical unívoco que está marcado por la ruptura de la continuidad del control exclusivo, por parte de la alianza formada en los treinta, del poder político. Sara Gordon registra con mucha sensibilidad los siguientes cambios a nivel político:
a) La ampliación de la participación en la toma de decisiones a fuerzas anteriormente excluidas.
b) El alejamiento de la institución armada de la cúpula de gobierno y el consiguiente cese de su papel intermediario entre grupos y sectores en el que pasó a ser sustituido por los representantes del gobierno norteamericano ―la redefinición de la importancia de las fuerzas armadas está con base en el papel que ahora desempeña frente al FMLN. Los cambios en el interior de las fuerzas armadas, posiblemente, han producido cambios a diversos niveles en las relaciones de este grupo social con otros.
c) El funcionamiento de organismos para la deliberación política que han alentado la concertación de pactos entre las fuerzas políticas y la creación de nuevos partidos que, ahora, representan y están más cerca de sus bases sociales reales (ejemplo: ARENA).
d) El punto más importante: La incorporación de representantes del gobierno norteamericano a la estructura de poder.
e) Los cambios en las orientaciones de acción del FMLN, ahora con una clara opción por la negociación con un programa político pluralista.
f) La búsqueda de otros sectores, con base en la organización popular, de formar la tercera fuerza que rompa con la polaridad política actual.
La conclusión de la autora es que todo apunta hacia la formación de una nueva estructura de poder en El Salvador; una interesante hipótesis para estructurar la década de los ochenta y que la autora no trabaja con mayor profundidad, puesto que no es el objeto principal del libro. Esperamos que en otra oportunidad Sara Gordon nos ofrezca sus reflexiones de una manera más extensa y sistemática sobre este proceso, como lo ha hecho con el tratamiento de la historia política de la década de los setenta. ■






