Manifiesto al pueblo salvadoreño
ARTURO ARAUJO
Firmemente dispuesto a cumplir los delicados deberes que me corresponden como Jefe del Estado, estimo oportuno hacer saber a mis conciudadanos que considero contrario a la paz pública el empeño en que persisten algunas personas de fomentar asociaciones y reuniones que tienden a establecer una profunda división de clases, provocando en diversas formas rivalidades y odios injustificables.
La propaganda que en tal sentido se hace por medio de discursos, pláticas y conferencias o valiéndose de escritos impresos, compromete gravemente la tranquilidad social y constituye un serio peligro para el orden.
Las autoridades están en la obligación de garantizar la libertad que otorgan las leyes a los ciudadanos para asociarse o reunirse, siempre que se trate de objetivos lícitos. Deben, asimismo, amparar la libertad de pensamiento, en cualquier forma en que se manifieste, si no se dirige a perturbar la normalidad de la vida jurídica.
El ejercicio de estos derechos está reconocido por la Constitución Política con las limitaciones que indico; y debiendo ser esa ley fundamental la norma de mis actos, no podré permitir, bajo ningún concepto, que se traspase la medida impuesta a la práctica de aquellos derechos.
Si tiende la propaganda a que me refiero al mejoramiento de las condiciones actuales del trabajo y a hacer más cómoda la vida de los obreros y campesinos, como se afirma para justificarla, invito a todos los que se interesan por estos problemas a exponer sus aspiraciones y puntos de vista en la forma comedida que las leyes establecen. Para ese fin se organizó el Departamento Administrativo de Trabajo, en donde han de considerarse sin demora los asuntos de esta naturaleza. De procederse en distinta forma, se dará lugar a presumir, con sobrado motivo, que no se persiguen fines justos y razonables, sino que se trata solo de disfrazar propósitos subversivos que deben reprimirse como corresponde.
Yo no puedo ser indiferente a la suerte de los trabajadores, que en su gran mayoría figuraron en las filas del partido que me elevó al poder; y estoy lealmente empeñado en que tanto ellos, como los que desean de verdad su mejoramiento, lleguen a palpar muy pronto mi interés por todo cuanto signifique justicia para sus anhelos, dentro del régimen creado por la legislación patria.
Mi atención está dedicada, por ahora, a mejorar las condiciones económicas del país: hago todos los esfuerzos posibles para que las fuentes de producción rindan los mayores provechos para resolver los problemas relacionados con la agricultura y la industria; para avivar el comercio, y, como natural resultado de esta labor, habrá ocupación para todos y no faltarán los medios para que el pueblo pueda llenar satisfactoriamente sus necesidades.
Pocos días hace que asumí el Mando Supremo, y aun cuando he debido ocuparme, ante todo, por razones de orden, de orientar los servicios de la Administración conforme al plan que he adoptado, con vistas a disminuir los gastos públicos, como las circunstancias lo exigen, he dirigido al mismo tiempo mis trabajos a resolver los asuntos vitales que interesan de preferencia a la nación, entre los que ocupa el primer lugar el relativo a las actividades de orden económico.
Expuesto así al juicio sereno de mis conciudadanos los propósitos que me animan y la orientación de mis labores pido, a todos, su ayuda para que puedan estas realizarse sin mayores obstáculos. Esta obra requiere tiempo, atención constante y estudio cuidadoso; pero, sobre todo, es indispensable que reine en el país la mayor tranquilidad y que haya en el ánimo de cada uno de mis conciudadanos plena confianza en los buenos intentos que abrigo y en los esfuerzos que hago para realizarlos. ■
Arturo Araujo.
Presidente Constitucional de la República.
(Tomado del Diario Oficial, del 25 de marzo de 1931)
Patria, Año III, No. 875, viernes 27 marzo, SS, 1931, pp. 1 y 6



