Las guerras de Trump
EQUIPO DE INVESTIGACIÓN CENTROAMERICANA
Trump quería el Premio Nobel de la Paz, pero no se lo dieron. Y era obvio: habría sido el último premio que daría Oslo, porque Trump lo desacreditaría.
La ‘locura’ imperial que encarna Donald Trump está conduciendo a Estados Unidos a subirse en la punta de un alfiler. Sin alianzas y convertido en El Gran Agresor.
En Venezuela logró uno de sus objetivos: llevarse a rastras a la figura principal de un régimen político que desaprovechó su larga hegemonía y nunca pudo renovarse ni flexibilizarse. La liberación de los presos políticos, ahora, es una medida tardía y expresa mucha debilidad. No supieron administrar el disenso.
Está por verse si se dará y cómo la publicitada ‘transición’ que al parecer cada quien la entiende de modo distinto. Porque por el momento el equipo de Maduro está intacto, menos vociferante, pero tienen el control. Y si transitará Venezuela, ¿a dónde? ¿Y cómo se determinará ese rumbo?
Pero lo de Trump es planetario, porque ya está diciendo a los miles de manifestantes insubordinados en todo Irán que ‘la ayuda va en camino’ (¿va a bombardear?, ¿irá a por el anciano ayatola?). Es cuestión de esperar.
El régimen iraní, que se encuentra en su momento de máxima debilidad, en lo político y en lo económico, y que ha desatado una feroz represión contra los manifestantes ―ya se habla de centenares de muertos―, podría recibir el castigo norteamericano, y entonces ¿qué pasaría? ¿También transitaría? ¿Hacia dónde?
Es complicado todo esto que Trump está anudando y desanudando y mezclando y trastornando. ¿Es que hay hoja de ruta o solo golpes militares contundentes y con eso basta?
Si se sopesan con frialdad las cosas, meterse en Venezuela fue, en realidad, fácil, en términos militares, porque se vio que el régimen venezolano no estaba preparado para algo como lo que sucedió. Pero meterse a Irán (ya bombardeó meses atrás su dispositivo nuclear), como lo está anunciando Trump, complicará más el panorama. ¿Hará lo de Venezuela? Es decir, golpeará en el centro neurálgico del poder político y se retirará para que la situación se resuelva ‘sola’.
Igual que con el caso de Venezuela, Estados Unidos puede golpear con precisión objetivos iraníes, pero no está en capacidad de hacerse cargo de los países que ataca. Eso, que pareciera una ventaja al final puede terminar convirtiéndose en un gravísimo problema.
¿Lo mismo piensa hacer con Cuba que está a pocas millas de la Florida?
Es cierto que la dirigencia venezolana subestimó las amenazas norteamericanas, pero ¿no estará subestimando Estados Unidos la capacidad de respuesta cubana?
¿Entrará a México? ¿Se tomará Groenlandia? Es de locos todo eso que Trump anuncia.
¿Y cuánto cuesta en millones de dólares a Estados Unidos toda esta movilización militar y este empleo de recursos tecnológicos de punta?
Las fuerzas de guerra norteamericanas parecen Supermán, porque están en cualquier punto del planeta. Sin embargo, no resuelven las crisis en las que intervienen, y desordenan las mesas y causan muchas muertes mientras ponen a funcionar su juguetería militar sofisticada.
Las guerras de Trump no solo comprenden lo militar. Trump está en guerra contra millones de inmigrantes dentro de Estados Unidos. Está en guerra contra todo el mundo con la aplicación de los aranceles.
En verdad, esto resulta un cuadro político esquizofrénico. ■
13 enero 2026



