Los comensales
EQUIPO DE INVESTIGACIÓN CENTROAMERICANA
Donald Trump, el auto proclamado conquistador de Venezuela, se reunió con las principales petroleras del mundo para ponerles sobre la mesa el manjar apetecido de la cuenca del Orinoco.
¿Y qué ocurrió? Lo obvio. Le dijeron que sí, pero…no. Y eso al conquistador no le ha gustado.
Y es que la cuestión del petróleo venezolano visto desde el punto de vista técnico es un problema. Por un lado, está la actual obsolescencia de la infraestructura petrolera que lleva varios lustros sin renovación estratégica, y lograr esto requiere de ingentes inyecciones financieras y de tiempo de espera para completar el proceso.
Después de esto habría que trabajar en la extracción del ‘oro negro’ que, por sus características, por la profundidad a la que se encuentra y por otros factores requiere de esfuerzos enormes y de desembolsos multimillonarios.
Y a continuación está el transporte de todo eso. Otro quebradero de cabeza.
Sin estudios de nada, el vendedor de humo que es Trump les aventó el aerolito de 100 000 millones de dólares que se requiere para todo eso.
Chevron dijo que sí, Repsol dijo que sí, Shell dijo que sí y ENI dijo que sí. ¡Pero esas transnacionales petroleras ya están en Venezuela! No es que han acudido al llamado de Trump.
El escenario político ha cambiado con la captura de Maduro y el cerco que Estados Unidos mantiene sobre el régimen venezolano, y eso les permitirá a las petroleras que ya están allí proyectar más ganancias y, por supuesto, más utilidades. De hecho, en términos de seguridad jurídica, estarían menos vulnerables que todos estos años. Pero igual, esas inversiones tardarán al menos un lustro en ‘madurar’. Y Trump, como vendedor de humo, quiere para ya los resultados.
No deja de ser desconcertante que el propio presidente del país agresor de Venezuela sea el que negocie con los poderes fácticos del petróleo mundial.
No hay reportes de lo que se dijo puertas adentro, pero conociendo el estilo desbocado del inquilino de la Casa Blanca es muy probable que las andanadas de amenazas trumpistas no estuvieron ausentes.
Y ya saltó la liebre, porque Trump acaba de decir que no le gustó lo que dijo el CEO de ExxonMobil, Darren Woods, en cuanto a las expectativas de la acción petrolera en Venezuela. El señor Woods le dijo al presidente norteamericano que ‘Venezuela es no invertible en este momento’. Y eso a Trump, que ya se vio que tiene mecha corta, le fastidió y dijo que dejaría fuera de ese ‘negocio’ a la mayor petrolera de Estados Unidos.
Es muy difícil que puedan estabilizarse y desplegarse las iniciativas económicas que empuja Trump. Sus expectativas son desorbitadas, sus métodos son intratables y sus plazos son perentorios.
Quizás ya entre los diversos y complejos círculos de poder en Estados Unidos, ha comenzado a tomar cuerpo la idea de decir, ‘basta, este hombre es inconveniente para facilitar los negocios’, que es lo único, claro está, que les importa. ■
11 enero 2026

