Dos premios literarios en un mes para Álvaro Menen Desleal

 

SERGIO RAMÍREZ

 

Los escándalos literarios en Centroamérica no son muy frecuentes, a menos que uno mismo se los fabrique; esta ha sido en parte la filosofía empleada por Álvaro Menen Desleal, el brillante escritor salvadoreño que a los 37 años de edad acaba de obtener casi consecutivamente dos premios de importancia: el Primer Premio de Teatro en los Juegos Florales de Quezaltenango y el Primer Premio de Cuentos en el Certamen Nacional de Cultura de El Salvador.

     Cuando en 1963, Menen Desleal ganó el Segundo Premio de Cuento en el Certamen Nacional de Cultura, con su libro Cuentos breves y maravillosos, él mismo se inventó una pugna que llevó hasta los diarios, atacándose de plagiario y defendiéndose al mismo tiempo (con nombres supuestos), hasta que el asunto cobró a otros participantes, esta vez auténticos, que se encargaron de llevarlo a un juicio público celebrado en la Universidad, del cual salió condenado. De esta manera el libro alcanzó un record de venta jamás logrado anteriormente en el país. No obstante la condena, el libro tuvo un éxito impresionante en el exterior y ya ha sido traducido al rumano y al inglés.

     Dos años después volvió a triunfar con Luz negra, una pieza en dos actos, en el Certamen Hispanoamericano de Teatro, y sus eternos enemigos lo acusaron otra vez de plagiario; antes se había dicho que los Cuentos breves y maravillosos habían sido copiados de Borges; esta vez, que Luz Negra no era más que una paráfrasis de Becket. A pesar de eso, obtuvo 72 representaciones en San Salvador, habiéndose ya presentado en Santiago de Chile, en Morelia, México, en el I Festival Cultural Centroamericano en Costa Rica; en Düsseldorf, Alemania y ahora en la Olimpíada Cultural de México.

     Menen Desleal se ha convertido casi en un participante profesional de concursos, lo que le deja por supuesto buenas utilidades; ya ha ganado incluso un primer premio en un concurso de urbanismo con un libro titulado Ciudad, Casa de Todos, con el cual los técnicos de su tierra quedaron furiosos: él no entiende nada del asunto, pero el libro era hermoso, habitable. Otra vez lo acusaron de lo mismo: plagio.

     Reside en Alemania desde comienzos de año y desde allá envió trabajos a los dos concursos vecinos: el de teatro en Guatemala, el de cuento en El Salvador. Ganó en ambos. En el primero con El cielo no es para el Reverendo y en el segundo con La cuerda de oro y nylon.

     Cuando en su país se supo del triunfo de Quezaltenango, al día siguiente, antes que ningún periódico le extendiera siquiera una felicitación formal, El Mundo, en un gran despliegue publicó fotocopias de páginas del manuscrito original de Menen Desleal, y de la obra de Francisco Gavidia, Ursino, que a la simple comparación resultaban idénticas. Lo que El Mundo omitió, fue que en la primera página del original de Menen Desleal, presentado al concurso, se explica claramente que El cielo no es para el Reverendo es una paráfrasis de Ursino de Gavidia, a la cual obra se habían hecho reducciones y cambios técnicos, conservando algunos parlamentos.

     La publicación de El Mundo fue repetida por Prensa Libre de Guatemala, y la Municipalidad de Quezaltenango optó por dejar en suspenso la entrega del premio mientras se aclaraba el asunto y dio la palabra al autor, quien en una respuesta de ocho páginas dirigidas al Alcalde, examinaba punto por punto y rebatía las acusaciones.

     Ursino es un personaje de la mítica popular salvadoreña, calcado en Robin Hood, un derrotado caballero andante que robaba a los ricos para dar a los pobres; en la obra de Menen Desleal el cambio está con los tiempos: Ursino roba a los ricos para dar a los guerrilleros. Y en su explicación se ríe de sus detractores, acompañando copia del cartel de presentación en Basilea de El Rey Juan, de Dürrenmatt, paráfrasis de Shakespeare; y cita a Brecht y a León Felipe, entre otros, como «plagiadores» por haber parafraseado obras de autores clásicos.

     Aún en caliente esta última pelea, se anunció el fallo del Certamen Nacional de Cultura, dándole el premio por La cuerda de oro y nylon, decisión que tomó un jurado en el que participó Salvador Reyes Nevares, de México. Esta colección de cuentos continúa la línea de su primer libro, y la semana pasada que yo dejé El Salvador, ya andaban reuniendo pruebas para acusarle nuevamente de plagio (sin haber leído la colección).

     Para quien se proclama él mismo el mejor cuentista vivo de Centroamérica, y se inventó un prólogo firmado por Jorge Luis Borges para los Cuentos breves y maravillosos, nada de lo que sobrevenga después de estos dos premios podrá sonarle ya raro. Él mismo en el fondo estará gozando con el nuevo escándalo, mientras discute derechos de traducción en Alemania, o con el director detalles de la puesta en escena de Luz negra.

     Creo que cuando se apague el bullicio en el Olimpo acuoso de las ranas, Álvaro Menen Desleal aparecerá como lo que él mismo dice que es: sino el mejor, uno de los mejores cuentistas de Centroamérica.

 

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Álvaro Menen Desleal. Nació en la ciudad de Santa Ana, el 13 de marzo de 1931. Ingresó a la Escuela Militar «Capitán General Gerardo Barrios», de la cual fue expulsado cuando cursaba el tercer curso (1952), debido a un poema «subversivo» que publicó en La Prensa Gráfica.

     Ingresó a la redacción de El Diario de Hoy (enero de 1953), rotativo en el que colaboraba desde 1950. En agosto de 1953, fue detenido y fichado en el cuartel central de la Policía Nacional, acusado de conspirar contra el régimen del teniente coronel Óscar Osorio.

     En agosto de 1955, reingreso a la redacción de El Diario de Hoy y dirigió, por corto tiempo, las breves, críticas y humorísticas secciones Paso doble y Paso ganso, así como las páginas de Filosofía, arte y letras creadas por el finísimo poeta Ricardo Trigueros de León.

     En 1961, se inscribió como estudiante en la carrera de Sociología de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de El Salvador (UES). Desde la Universidad de El Salvador colaboró con la revista Vida universitaria y el viernes 30 de junio de 1961 fue declarado ganador de varios premios en el Certamen Cultural Universitario Centroamericano, patrocinado por la Asociación de Estudiantes de Derecho (AED). Esos premios fueron el ‘Vicente Sáenz’ por su ensayo ¿Es licito matar al tirano?, el ‘Juan Ramón Molina’ por su poemario Duro pan. el exilio y un galardón por su cuento La caída, revelador de su experiencia en el desastre aéreo paraguayo.

     En octubre de 1961, obtuvo otros galardones en el primer Certamen Cultural Universitario, promovido por la Asociación de Estudiantes de Humanidades de la Universidad de El Salvador. En dichos eventos, obtuvo, compartidos, el primer premio poético ‘Oswaldo Escobar Velado’ por su trabajo Poesía para pintores (haikús); la máxima presea de cuento ‘Arturo Ambrogi’, por La espera y el segundo galardón de ensayo, designado ‘Marcelino García Flamenco’, por Testimonio sobre Vallejo.

     En febrero de 1962 fue nombrado catedrático de la Facultad de Economía de la Universidad de El Salvador. Cinco meses más tarde, se hizo acreedor a dos premios del XI Torneo Cultural de la Asociación de Estudiantes de Derecho (AED): el Premio ‘Alberto Masferrer’ de Ciencias Sociales por su trabajo Barrio alto y barrio bajo, y el segundo lugar en la rama de ciencias sociales del Décimo Torneo Estudiantil Centroamericano por su trabajo ¿Es lícito matar al tirano?  

     Entre su obra editada se encuentra: La llave (cuento, San Salvador, 1962); Cuentos breves y maravillosos (cuento. Libro premiado con el Segundo Lugar en el Certamen Nacional de Cultura, 1962); El extraño habitante (Poesía, San Salvador. 1964); El circo y otras piezas falsas (Teatro. Revista La Universidad, San Salvador, 1966); Luz negra (Teatro: Primer Premio compartido. Juegos Florales Hispanoamericanos de Quezaltenango, Guatemala, 1965); Ciudad, casa de todos (Ensayo: Segundo Premio Certamen Nacional de Cultura, San Salvador, 1966); Una cuerda de nylon y oro (Cuento: Primer Premio en el certamen Nacional de Cultura, San Salvador, 1968).

San José, octubre de 1968.

 

 

 

 

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