Introducción a «¿Revolución en la Revolución?» y la crítica de derecha
ROQUE DALTON
[San Salvador, 14 mayo de 1935 – San Salvador, 10 de mayo de 1975]
Los textos que hoy reunimos en este libro fueron escritos, cada uno apresuradamente por las urgencias del trabajo cotidiano, en épocas diferentes del año 1968. La primera parte del primer ensayo, fue terminada entre febrero y marzo de aquel año y la segunda parte entre agosto y septiembre. El segundo ensayo, el «balance» de ¿Revolución en la Revolución? fue escrito en las dos últimas semanas de diciembre de 1968, aunque fue corregido ligeramente un par de meses después.
Desde entonces, estas páginas funcionaron un poco como material de estudio interno, como base de discusión en el seno de un pequeño grupo de compañeros revolucionarios latinoamericanos, que han estado de acuerdo con la conveniencia de su publicación, aun sin coincidir con algunos de los enfoques que en ellas hacemos.
Creemos que los textos indican una paulatina evolución de nuestro pensamiento, marcado en su punto de partida por evidentes rasgos conservadores. Conscientemente hemos preferido mantener los textos tal como fueron escritos y marcar en esta introducción nuestras variaciones de criterio principales frente a determinados problemas, a fin de que este proceso pueda ser seguido por nuestros camaradas más jóvenes, militantes del movimiento comunista latinoamericano que tiendan hacia las posiciones verdaderamente revolucionarias, y por los revolucionarios en general. En la actualidad tratamos de seguir desarrollando en nosotros mismos este proceso.
La crítica a las obras de Régis Debray se ha hecho en la América Latina principalmente desde dos puntos de vista. Desde el de la derecha reformista (a dos de cuyas típicas representaciones respondemos en estas líneas) у desde el de la intelectualidad progresista y de izquierda (los materiales aparecidos en Monthly Review, por ejemplo). El carácter abstracto es común a ambos tipos de crítica. El movimiento armado, el movimiento verdaderamente revolucionario de América Latina al cual el texto iba dirigido, no ha hecho aún la crítica del mismo con la profundidad necesaria. Nuestro texto no pretende llenar ese vacío: no podría hacerlo, evidentemente. En este sentido, creemos que el material que actualmente escribe el compañero Francisco Marroquín, militante revolucionario guatemalteco que fuera representante de las FAR en el Secretariado Permanente de OLAS, será un aporte de gran importancia y sentará las bases para una consideración más objetiva de ¿Revolución en la Revolución? Marroquín sostiene, en la parte fundamental de su artículo, que es necesario comprender que Régis Debray no escribió su texto como un especialista francés que informa sobre problemas latinoamericanos a sus compatriotas, sino que, ni más ni menos, en el marco de las ideas y concepciones del comandante Ernesto Guevara, como un militante del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, que encabezara el mismo Che. ¿Revolución en la Revolución? fue escrito pensando en lo que podríamos llamar «operación Che», inicio proyectado de la creación de los Vietnams latinoamericanos. Dentro de este marco, la crítica de Debray a los diversos movimientos en armas de Guatemala, de Venezuela, de Colombia, etc., se explicaba por la urgencia con que se necesitaba que tales organizaciones político-militares superaran las concepciones tácticas y estratégicas que frenaban su desarrollo y pudieran evitar en su momento que el imperialismo estuviera en capacidad de concentrar exclusivamente sobre el Che y su movimiento todo su gran poderío militar a nivel latinoamericano. Los errores y las absolutizaciones en que incurrió Régis Debray en el cumplimiento de su cometido son analizados por el compañero Marroquín en el resto de su artículo. Es también muy interesante, desde este punto de vista, el excelente artículo de Marcelo de Andrade, aparecido en Les Temps Mоdernes, en 1969.
Independientemente de aceptar en su totalidad los planteamientos de nuestro compañero, creemos que el texto de Debray tuvo resultados diferentes de aquellos para los que fue escrito, en la confrontación con la compleja y cambiante realidad latinoamericana. Creemos inclusive que ya es posible decir que algunos de los fines originalmente secundarios de ¿Revolución en la Revolución? se convirtieron en principales, una vez que fue claro que los fines principales no podían ser cumplidos por el texto en las nuevas circunstancias, o habían sido cumplidos mal.
Creemos que uno de los aciertos permanentes del libro de Debray ha sido y será el impacto causado en lo ideológico y lo orgánico a la cristalización oportunista del «marxismo tradicional» en América Latina, a la osificación de los partidos que deberían ser los instrumentos de la dirección de la lucha revolucionaria de nuestros países, a las concepciones conservadoras, reformistas, oportunistas de derecha frente al proceso de lucha antimperialista de los pueblos del continente. Esta situación tuvo como contrapartida natural que una gran parte de la crítica a la obra de Debray estuviera constituida por las reacciones de esos sectores tradicionales de derecha dentro del movimiento comunista latinoamericano, lo cual construyó muy pronto un volumen de pensamiento reformista que cobró su propia autonomía perturbadora y comenzó a actuar en el seno de la lucha ideológica general que se lleva a cabo a lo largo de toda América Latina. En algunos casos, como el del Partido Comunista Argentino, la confrontación con Debray hizo que se expusiera prácticamente el concepto del mundo de la organización que respondía, su opinión sobre todos los problemas importantes que se debaten en el mundo actual, entre revolucionarios, seudorrevolucionarios y contrarrevolucionarios. Lo cual dejaba ciertamente en evidencia, como en pocas oportunidades anteriores, a tales sectores de derecha. De ahí que nosotros creyéramos muy conveniente dejar situados los niveles de esa confrontación (Debray-crítica de derecha) aun sobre la base de reconocer que la última palabra sobre ¿Revolución en la Revolución?, sobre sus propósitos y sus resultados la tendrá el movimiento verdaderamente revolucionario latinoamericano, el movimiento que instrumentará la lucha armada de nuestros países, y la realidad revolucionaria de nuestros pueblos. Tales son los límites de nuestro trabajo. Y nuestra actitud no es la del que se siente con derecho para tirar la primera piedra. Es claro que no estamos limpios de pecado.
Tomadas en cuenta estas consideraciones, quisiéramos dejar apuntados los hechos siguientes:
1° Consideramos que la realidad latinoamericana actual evidencia que nuestra visión sobre los partidos comunistas del continente que se desprende de la primera parte del libro era excesivamente optimista. Tal optimismo estaba basado en la sobrevaloración de los cambios y rupturas, de que dábamos noticia, en dirección a posibles cambios reales en el conjunto del movimiento, en lo referente a la línea política, actitud frente a la lucha armada, etc. La realidad demuestra que en el seno del movimiento comunista latinoamericano se ha fortalecido el oportunismo de derecha. A estas alturas, la división que hacíamos entonces entre PC «de izquierda», «de centro» y «de derecha», se nos antoja casi folklórica, confusionista. Es evidente que la izquierda real que quedaba en el movimiento comunista latinoamericano después de las rupturas de la primera etapa de la lucha armada que culminó (Venezuela, Guatemala, Colombia, Bolivia, etc.) ha roto con él orgánicamente o está en trance de romper (PC Revolucionario Argentino ―Otto Vargas, etcétera―; desprendimientos del PC Brasileño, como el de Marighella, etc.; PC (Unidad) de Honduras, etc.) y también es evidente que se hace un flaco favor a los comunistas latinoamericanos al considerar como la izquierda del movimiento a partidos como el de Uruguay y de Guatemala, que no están ciertamente a la izquierda en el movimiento armado que se desarrolla en sus países. Casos excepcionales podrían ser los de los PC de República Dominicana y de Haití, que es recomendable examinar en concreto. No somos árbitros de este problema, ni la veracidad de estos conceptos depende de que lo digamos nosotros, pero queremos decir aquí que, con las excepciones mencionadas y por lo menos en la actualidad, creemos que el movimiento comunista latinoamericano en su conjunto está colocado a la derecha frente al problema de la revolución continental y, por lo tanto, hacer en su seno clasificaciones de derecha, centro e izquierda, es un bizantinismo oscurecedor. Desde luego que con esta declaración no descubrimos nada nuevo ni extraordinario, sobre todo para los verdaderos revolucionarios latinoamericanos. Sin embargo, a la luz de algunas de las aseveraciones de los textos que hoy damos a la publicidad sobre la obra de Régis Debray el aclarar esta comprensión es indispensable. Es más, creemos que hoy la pregunta que se impone recoger entre las que ya solíamos hacer en las páginas intermedias de nuestro trabajo es la siguiente: ¿Son los partidos llamados comunistas de América Latina, en la mayoría de los casos, auténticos partidos comunistas? Esta pregunta no puede ser respondida solamente en las páginas de un libro. Los comunistas que la han respondido negativamente en lo que toca a su país, se proponen construir el verdadero partido comunista a partir de las vanguardias armadas en formación y desarrollo, en el transcurso de una larga lucha. Por esta vía, nosotros no dudaríamos, llegado el caso, en hacer nuestras las palabras del camarada Otto Vargas, Secretario General del Partido Comunista Revolucionario Argentino: «Al proclamarnos Partido Comunista tratamos de difundir entre las masas las conquistas del socialismo, la perspectiva socialista, la doctrina marxista-leninista. Si bien es cierto que las discrepancias del movimiento comunista y los errores de algunos partidos comunistas confunden a las masas, también es cierto que las masas saben que el Che era comunista y saben que en Cuba, en Vietnam y en Corea se está construyendo el socialismo. Nos engañaríamos nosotros mismos y engañaríamos a las masas si dijéramos que no somos lo que somos. Nosotros provenimos del comunismo, somos comunistas, y queremos recuperar este comunismo revolucionario».
2º Desde que terminamos de escribir el balance de ¿Revolución en la Revolución?, se han producido en América Latina determinados hechos que son considerados por algunos como demostraciones contrarias a los fundamentos de las tesis de Debray y más aún, al pensamiento abierto del Che, a las posiciones revolucionarias. Uno de esos hechos, el más importante, es el proceso peruano en desarrollo a partir del derrocamiento del gobierno Belaúnde, que se ha llegado a señalar inclusive como una nueva vía de la revolución latinoamericana que «hunde la concepción estratégica a partir de la lucha armada guerrillera», etc. Independientemente de la profundización que alcance el proceso peruano ―sin duda el fenómeno político más interesante en la historia latinoamericana desde la derrota del imperialismo en Playa Girón— para nosotros (como lo hemos dicho en una nota crítica sobre el libro de Héctor Béjar, Perú 1965: apuntes sobre una experiencia guerrillera) el mismo ha sido «un resultado inmediato de la lucha de clases en el seno de la sociedad peruana, de la cual fueron fenómenos cimeros, decisivos y fundamentales ―de cierre de una época y de apertura de otra― los que significaron el inicio de la lucha armada revolucionaria… En lo personal, creemos inclusive lo siguiente: fue la lucha armada iniciada en el Perú lo que dio origen a la situación actual». El proceso peruano, iniciado y proseguido como un proceso de cambio estructural tendiente a asegurar el desarrollo del capitalismo en aquel país, está poniendo a prueba la capacidad y los límites del reformismo nacionalista en los marcos de la dependencia del imperialismo que sufre América Latina. De ahí que el nivel de contradicciones que genera plantee, cada vez más, soluciones revolucionarias. En todo caso, contraponer este proceso a los métodos de lucha popular que lo hicieron necesario a los ojos del ejército peruano y a los ojos de los sectores más progresistas de la burguesía y de la intelectualidad especializada en problemas de estructura social, supone un maniqueísmo de la historia profundamente reaccionario. Lo que el proceso peruano prueba no es la invalidez de la lucha armada sino, por el contrario, la amplia gama de perspectivas y cambios en la estructura social que ella puede abrir en las condiciones de América Latina. De tal manera que lo que el mencionado proceso hace con respecto a las concepciones que expresamos en nuestras páginas sobre Debray, es simplemente ampliar el marco de su operatividad.
Otros hechos de importancia acaecidos en el último período, serían: el aparecimiento de la lucha armada en Montevideo, las ciudades de Brasil, Argentina, etc.; las luchas masivas de la clase obrera en el Cono Sur ―señaladas por los comentaristas como signos de un despertar de las masas trabajadoras urbanas―; etc. En cuanto a este último aspecto hay que aceptar que en el Cono Sur y en países aislados del continente las huelgas políticas que han empalmado con la violencia y las crisis estatales han aumentado notablemente y que importantes sectores de la clase obrera han pasado a encarnar las posiciones revolucionarias de la lucha armada, pero creemos que ello no invalida el resto de nuestra exposición sobre la conducta social de la clase obrera a nivel latinoamericano. En cuanto al fenómeno del auge de la lucha urbana en algunos países, lo que el mismo demuestra son las absolutizaciones en que cayó Régis Debray en lo referente а la relación ciudad-campo y que nosotros señalamos
ampliamente en el balance, pero no anula ni mucho menos los conceptos estratégicos fundamentales a nivel latinoamericano basados en las necesidades que se desprenden de la correlación de fuerzas con el enemigo, estructura de las sociedades nacionales latinoamericanas, etc., es decir, los conceptos referentes a la creación de una fuerza estratégica a partir de las guerrillas rurales en el transcurso de una guerra prolongada. La excepcionalidad uruguaya, frente a las condiciones del conjunto mayoritario de países latinoamericanos, se refleja no solo en la peculiaridad de su lucha urbana, sino en la importancia especial que una organización político-militar principalmente urbana u originalmente urbana tiene en el seno de aquella sociedad. Creemos que los casos de Argentina y de Brasil son distintos y subrayan más severamente las absolutizaciones que señalamos en Debray. Incluso hay que decir que lejos de encontrar contradicciones de fondo entre la obra de Debray y las concepciones de los Tupamarus, el divulgador más importante de noticias y de análisis sobre esta importante organización revolucionaria, el periodista Carlos Núñez, señala notables y fundamentales coincidencias. Dice así Núñez en su artículo «Los Tupamarus: vanguardia armada en Uruguay» (Revista Tricontinental, N° 10, 1969): «De acuerdo con la opinión de algunos sectores de izquierda, las tesis expresadas por Régis Debray a través de ¿Revolución en la Revolución? habrían incidido visiblemente en las formulaciones teóricas y estratégicas de los Tupamarus; de hecho, esta incidencia resulta ciertamente notoria en algunos de sus documentos, particularmente en el citado Treinta preguntas a un Tupamaru. Cabe subrayar empero, hasta dónde tal vinculación responde más a una coincidencia hasta entonces no expresada que a un «seguidismo» acrítico como el que ha llegado a despertar en algunas esferas revolucionarias latinoamericanas el texto de Debray, a contrapelo incluso de las intenciones del autor. En este sentido resulta destacable el hecho de que ¿Revolución en la Revolución? registra expresamente una presunta «excepcionalidad» en el caso de Uruguay con relación a algunas de sus conclusiones; específicamente, Debray anota, como segunda de sus «consecuencias para el futuro»: «Sin lucha armada no hay vanguardia definida. Dondequiera que no haya lucha armada, existiendo condiciones para ello, es que aún no existe vanguardia política. (Ese no es el caso, por ejemplo, del Uruguay, donde no hay condiciones inmediatas de lucha armada, y existe un movimiento fuerte y combativo de masas.)».
El sentido de este paréntesis ha llegado a ser foco de agudas controversias en el seno de la izquierda uruguaya; por un lado, se anota, si se reconoce que en Uruguay no existen condiciones inmediatas de lucha armada, la precisión parece innecesaria, toda vez que la salvedad ha sido establecida en el texto mismo de la conclusión «…existiendo condiciones para ello…»; por otro, se ha observado que Debray avala la existencia en Uruguay de «un movimiento fuerte y combativo de masas» ―hecho unánimemente reconocido, en última instancia― pero por cierto no identifica tal constancia con la existencia de una vanguardia política. Presumiblemente el propio MLN [Movimiento de Liberación Nacional] desecharía por inconducentes tales disquisiciones teóricas; sin autopostularse como vanguardia, sin negar o afirmar rotundamente sobre el papel que en Uruguay existen condiciones para la lucha armada, sin demorarse en el examen verbal de tal o cual táctica, lo que los Tupamarus sostienen básicamente es la inevitabilidad de la confrontación armada y la necesidad de prepararse para ella. Sobre esta base corresponde analizar sus planteos y a partir de ella es precisamente que adquiere mayor relevancia la coincidencia del MLN con las dos restantes conclusiones de ¿Revolución en la Revolución?: «Lo decisivo para el futuro es la apertura de focos militares y no de «focos» políticos… No escapa a nadie que hoy, en América Latina, la lucha contra el imperialismo es decisiva. Si es decisiva, todo lo demás es secundario».
Además, el mismo Núñez nos ha dicho antes en su artículo los conceptos de los Tupamarus (MLN) sobre la lucha rural. «La geografía uruguaya ―se pregunta Núñez― ¿es completamente adversa para la lucha rural?» Y contesta con una formulación de los Tupamarus: «(…) no es estrictamente así. No tenemos lugares inexpugnables como otros países, pero existen precarios accidentes naturales que permiten refugios transitorios a un grupo armado. En el latifundio, es decir, en 2/3 de la superficie del país, los índices de población bajan a 0.6 habitantes por kilómetro cuadrado, lo que facilita el desplazamiento clandestino de un contingente armado; compárese con
3º Creemos conveniente llamar la atención sobre los 1ímites de la polémica en torno a ¿Revolución en la Revolución? Tal polémica no puede agotar ni agota el problema de la estrategia revolucionaria latinoamericana, ya que el texto de Debray no es ni pretendió ser un prontuario que encerrara todas las posiciones revolucionarias al respecto. Si incluso a su trabajo anterior, menos específico, «Problemas de la estrategia revolucionaria en América Latina», Régis Debray reducía al límite de un «esbozo de análisis de una coyuntura de conjunto», debemos insistir que no estaba en el autor de ¿Revolución en la Revolución? El propósito de lograr la teoría general de la Revolución Latinoamericana. Las circunstancias de la participación del autor en el inicio de la acción guerrillera boliviana, su captura, sensacional proceso y posterior prisión, determinaron que el texto centralizara la atención polémica sobre estrategia de la lucha armada latinoamericana más allá de los límites que se pueden considerar positivos. A esto contribuyó también sobremanera como lo señalamos en el balance la crítica de la derecha conservadora del movimiento popular, de las direcciones de la mayoría de los PC específicamente, que vieron la oportunidad de atacar en Debray al Che Guevara y a todas las posiciones revolucionarias sin comprometerse con ataques directos que les habrían causado dificultades con las bases. Creemos que es necesario reducir los alcances de ¿Revolución en la Revolución? al límite de los propósitos para los cuales fue escrito, aunque tomemos nota de sus resultados imprevistos.
4° Deseamos dejar aquí constancia de nuestro agradecimiento para todos los compañeros que nos ayudaron con sus críticas, opiniones y sugerencias, especialmente para el compañero guatemalteco Francisco Marroquín cuya ayuda a través de la discusión nos fue particularmente valiosa, el compañero argentino Otto Vargas y el compañero uruguayo Carlos María Gutiérrez, cuyas palabras de estímulo y su interés desempeñaron un papel importante en la decisión de publicar estas páginas. Todo ese interés, y nuestro modesto esfuerzo, quisiéramos dejarlo aquí como ratificado testimonio de amistad y fraternidad revolucionarias para el compañero Régis Debray. ■
La Habana, septiembre 1969.
Cuadernos CASA, 9, junio 1970, pp. 9-18.






