Cuando hay fobias la vida queda privada y mutilada

 

OSCAR RANZANI entrevista a las psicoanalistas NANCY EDITH HAGENBUCH y Cristina Solivella de Pérez

 

Las fobias son miedos intensos e irracionales a situaciones o cosas específicas que revelan mucho sobre ansiedades internas y estrategias que el inconsciente usa para proteger a los sujetos. Estos “muros” mentales, aunque destinados a cuidar, a menudo fallan en su propósito y dejan atrapadas a las personas en un ciclo que termina limitando sus acciones y deseos. Desde espacios físicos grandes (agorafobia) o pequeños (claustrofobia), hasta animales (zoofobias) o medios de transporte (como aerofobia para los aviones), las diferentes fobias, aunque aparentemente triviales para algunos, pueden causar gran angustia y condicionar severamente la vida de quienes las padecen. Fobia. ¿A qué le tenemos miedo? (Editorial Bärenhaus), de las psicoanalistas Nancy Edith Hagenbuch y Cristina Solivella de Pérez, es una exploración profunda y meticulosa sobre el tema. Las autoras abordan este contenido desde una perspectiva psicoanalítica, siguiendo la tradición iniciada por Sigmund Freud, que revolucionó la comprensión de este trastorno al vincularlo con conflictos internos no resueltos, particularmente relacionados con la sexualidad y las pulsiones inconscientes.

 

Habría que aclarar de entrada que la fobia no es estrictamente un miedo, sino que el miedo es un componente de la fobia, ¿no?

NANCY EDITH HAGENBUCH (NEH): Podríamos decir que hay una transformación. El miedo es algo humano y necesario para protegernos. En la medida en que haya un peligro, el miedo nos permite defendernos. Pero, ¿qué pasa cuando ese miedo no es en relación a algo que nos viene de afuera, sino un miedo que no lo podemos dominar? Empieza a hacerse estructurante y ya se muda no a lo que podría ser un peligro externo ―como la pandemia que pudimos tener―, sino a una dimensión como puede ser un espacio pequeño, un espacio grande, o un animalito. Entonces ahí es una fobia estructurada. Y vemos cómo el miedo, cuando tiene un objeto y se estructura, se transforma en fobia.

CRISTINA SOLIVELLA DE PÉREZ (CSP): Hay una diferencia fundamental. Si hay un incendio, todos corremos, tenemos miedo, «quiero huir». Esto es diferente porque es un miedo irracional. He visto a alguien subirse desesperada a una silla, gritar, pedir auxilio, por una pequeña cucaracha, y ves que no tiene ninguna lógica. Es una fobia. Freud se dio cuenta de que había un miedo a algo que proviene del interior y se ha desplazado en ese pequeño animal. Puede ser una araña, como ilustra nuestro libro, una laucha. Es irracional y responde a otras cuestiones subjetivas.

 

Teniendo en cuenta que no es un peligro que viene del exterior, sino del interior, aunque el sujeto que la padece no lo vea, ¿sobre esto se trabaja en análisis?

NEH: Absolutamente. Vemos que el sujeto viene y utiliza esa fobia que tiene para protegerse. Puede ser un soporte a una laucha que hacía todo un recorrido mayor para eludir la laucha. Y supone que la fobia es la laucha. Pero el análisis empieza a descifrar que ese significante «laucha» es mucho más que ese animalito que está ahí. Es un significante privilegiado que recorre toda la vida del sujeto. Y en eso es maravilloso el descubrimiento freudiano, y después Lacan lo toma, cómo son significantes especiales que están puestos y estructuran una vida. Y puede parecer como lo más tonto, pero es fundamental para el sujeto. Con la fobia obtiene muros, pero esos muros a veces se rompen.

CS P: La definición diría que es una manera de prevenirse. O sea, el sujeto capta que hay algo muy peligroso de su interioridad y lo ha desplazado en el exterior. Esto fue lo maravilloso que advirtió Freud: ese temor a la propia interioridad, lo ha colocado afuera. La práctica clínica nos permitió, al desestructurar eso, al desentrañar ese misterio, lograr un efecto muy bueno: que desaparezca la fobia.

NEH: Igual cuando viene al consultorio no capta eso. Y solo con el análisis va a captar esto que dice Cristina, la malignidad, lo incestuoso que se juega en ese temor interno que lo habita. Solo el análisis te da esa pista. Si no, el sujeto mantiene que tiene miedo a la cucaracha o a la araña.

CSP: Y queda ridículo, temiendo a un pequeño animalito, ¿no? ¿Qué te puede hacer una cucaracha o una laucha? Nada.

 

Si el miedo al objeto fóbico se relaciona con un miedo que proviene del interior, ¿de qué se está defendiendo el sujeto?

CSP: Por ejemplo, de lo que decimos, de emociones incestuosas, de su malignidad. En el libro van a encontrar ejemplos. Había alguien que era verdaderamente muy mala, tenía emociones de odio a los hombres. Vemos, por ejemplo, histerias graves, con una animosidad muy fuerte hacia los hombres. Entonces ella verdaderamente le deseaba la muerte al otro. Tenía una cosa de mucha destructividad. Y eso quedó desplazado: ella no podía salir a los espacios. No podía tomar medios de transporte, vivía recluida en su casa. El análisis va desbaratando. Nosotras ejemplificamos en el libro cómo los mitos, los cuentos de Edgar Allan Poe, de Lord Byron, son cuentos que reflejan esa malignidad, ese deseo de atacar, de destruir al otro. Y como Freud nos enseñó, nada que vos le deseas al otro no te vuelve sobre sí mismo. Entonces, luego el sujeto teme que si sale al espacio abierto le va a pasar algo. Por ejemplo, una paciente me decía: «Tomo el subte, hay un incendio, ¿qué me va a pasar?». Pero resulta que esa misma mujer había tenido un accidente muy grave en su pierna, casi pierde una pierna con un asado, una chispa voló. O sea, son sujetos que tienen una interioridad pulsional. Esto descubrió Freud: la pulsión de un impacto, de una voracidad hacia el otro, de mucho daño hacia el otro.

NEH: Este es un aspecto importantísimo, la pulsión de destrucción. Y la otra pulsión que encontramos es la pulsión incestuosa. En el neurótico la pulsión incestuosa queda bajo la represión. Pero cuando encontramos que hay fallas, donde esa transmisión de prohibición no se ha producido con la fuerza que es necesaria, ¿qué va a hacer? El sujeto va a hacer un llamado a la fobia para que venga a ponerle algo prohibido cuando la estructura misma no se lo ha producido. Y en ese caso, por ejemplo, así como Cristina comentaba de esa malignidad, también la histeria tiene una cosa de apoderamiento de los niños y de desprecio hacia el varón, que es una posición incestuosa. O sea, ni remotamente tiene la idea de eso. Solo el análisis le permitió llegar a la hipótesis donde se apoderaba de los niños y todo el tiempo desacreditaba al varón. ¿Cuál era su miedo? Su miedo era la rata. Pero la rata significaba suciedad, significaba esconderse, significaba sexualidad, dinero, era muy avara. Significaba no respetar el deseo del otro, que es una forma también de apoderamiento. 

 

Uno de los aspectos que trabajó Freud es que la ley del padre no actuó en todo su poder y la fobia intenta establecer un orden ahí. ¿Por eso a un sujeto que tiene fobia Freud lo relaciona con sentimientos hostiles al padre, como sucede en el caso del niño Hans, que tenía fobia a los caballos?

NEH: No solo. Sentimientos hostiles al padre y sentimientos incestuosos al padre. Están las dos cosas. Entonces, como el padre era muy amoroso y no aparece ahí como instrumento del no, de la ley, de la prohibición, es el niño que tiene que armar una fobia para ponerse él la prohibición. Y es el caballo, entonces, sustituto de ese padre demasiado bonachón.

CSP: Eso que dice Nancy es muy interesante porque en la actualidad vemos muy frecuentemente ese padre que quiere ser amigo del hijo, que todo lo tolera, con una dificultad muy seria de instaurar el no, la prohibición. Lacan dice «la voz de trueno». El padre tiene que tener una voz de trueno, el niño debe temerle al padre. Pero ¿qué encontramos? El padre bonachón, el padre amable. Entonces, el niño con una fobia logra un animal al que le tiene miedo y, de alguna manera, sustituye algo que el padre no puede hacer.

 

¿La fobia funciona como ayuda cuando el padre no ejerce su función?

NEH: Exactamente. Freud ―Lacan, después retoma―, es un llamado al padre, un llamado de socorro. La fobia, de hecho, puede funcionar mucho tiempo poniéndote restricciones, pero te inhibe la vida, porque para no expresar tus pensamientos incestuosos o destructivos vas poniendo muros y vas achicando tu vida. Llega un momento donde ya no alcanza, porque si bien la fobia, como al pequeño Hans, permite una resolución, nosotros después sabemos que el pequeño Hans queda en una posición donde nunca logra tener la virilidad en el bolsillo. Quedó sin esa transmisión del padre de la virilidad y el temor a la mujer. Entonces, se transformó. La fobia le permitió alguna resolución, pero bastante fallida. Ahora, hay una dimensión importante: todos tenemos fobias. El tema es si son fobias estructurales de esta categoría. Todos los niños pasan por fobias, pero no es lo mismo la fobia de todo niño que una fobia que se mantiene y exige tanto trabajo como vemos en el pequeño Hans. En estos individuos que nosotros tomamos en los casos clínicos, ves vidas que están reducidas absolutamente para prevenirse de los miedos y pulsiones que vienen de adentro.

CSP: Hay muchos casos que se pueden leer en el libro. Por ejemplo, una mujer con agorafobia grave permanecía días y días encerrada, solamente tenía una vida de pantallas. O el caso que Nancy nombra, que no podía salir a la ciudad si previamente no veía dónde habría lauchas o no. Entonces, no es el pequeño temor. No, la vida queda privada, la vida queda mutilada. Son casos muy serios.

 

De alguna manera el sujeto con la fobia encuentra cierta tranquilidad a costa de tener su vida limitada, ¿no?

CSP: Exactamente. Y, a veces, de casualidad, porque no vino por la fobia, vino porque no puede estudiar. Pero un día te enterás que te dice «Yo el subte no lo tomo nunca, el tren no lo tomo nunca, el colectivo…». Y ahí te das cuenta del gran peligro de los medios de transporte. O vimos después de la pandemia que muchos jóvenes permanecieron meses enteros encerrados. Dedicamos un capítulo a ese tema porque muchos jóvenes no salieron a lo largo de todo un año. Y cuando volvieron a la presencialidad vimos situaciones muy graves, perdían el registro de la ciudad, de su colegio.

NEH: Es un claro ejemplo de la diferencia entre miedo y fobia, porque todos teníamos miedo al coronavirus. No lo conocíamos, no sabíamos qué producía, sabíamos que traía muerte, enfermedad. Pero otra cosa son muchos de estos casos, en ese tiempo se sintieron hasta tranquilos porque no tenían que salir. Y cuando tienen que salir, empieza a reducirse ese mundo. El que no puede salir deja de trabajar, deja de juntarse con los amigos. Pero si antes se juntaba con los amigos, ¿qué pasó en el medio? No sabe qué pasó, sabe que ahora sale y tiene miedo. ¿A qué le tiene miedo? Tiene miedo de tener palpitaciones, tiene miedo de que le pase algo, el corazón empieza a latir más fuerte. Y también era una fobia, una agorafobia.

CSP: La agorafobia es la fobia a los espacios. Viene del ágora de los griegos, lugar público, plaza pública, donde se reunían para los debates políticos. Hoy en día lo vemos muy claramente, por ejemplo, en relación a salir a la ciudad. Contábamos que muchos jóvenes transcurrieron toda la escuela metidos en su cuarto. Una iba al Colegio Nacional Buenos Aires. Le dio tal pánico y tal temor que se metió en el baño. Se perdió. Está bien, es un edificio grande. También depende el momento en que le agarró la pandemia. Empezaba primer año. Quedó escondida en el baño, perdida. Vimos muchos casos que desarrollaron una fobia y buscaron quedarse adentro, con serias dificultades.

 

Se nombró mucho a Freud y es momento de introducir a Lacan, que planteó la fobia como una encrucijada. Y dijo que la función de la fobia está en sustituir el objeto de la angustia por un significante que provoca temor, ¿no?

NEH: Lacan toma en principio lo que dice Freud. Pero en el seminario «De un Otro al otro» que estás nombrando vos, él dice que la fobia es una encrucijada. ¿Qué quiere decir eso? ¿Es un síntoma? No alcanza. Entonces, habla de encrucijada, dice que es una placa giratoria, donde lo podemos encontrar en la histeria, en la neurosis obsesiva, pero también en la perversión. Y también es muy interesante porque ahí muestra un caso clínico de Helene Deutsch, donde trabaja el miedo a las gallinas, una zoofobia. Directamente ya no es que hay una figura bonachona o una figura débil del padre. Vos ves dónde ha quedado la dimensión del niño encerrado en la burbuja madre-niño, el niño como falo de la madre y que logra una resolución a través de la homosexualidad. Ahora, la gran pregunta en sesión clínica es: en la psicosis, ¿hay fobia?

CSP: El gran aporte de Lacan ha sido considerar todo el tema de la lingüística en el psicoanálisis. Lo que dice es que el niño le teme a algo, pero por el carácter simbólico. O sea, es cierto, el caballo podía estar dentro de su perspectiva, pero eran el caballito que le regaló Freud, el caballo de los cuentos, y nosotros vemos lo mismo. Vos usabas la fórmula del reemplazo de un objeto por el significante. Pero ahí tenés que apelar a la teoría de la lingüística. O sea, no es re loco pensar que el sujeto le teme, dice Lacan, a un tigre de papel, porque en verdad es una articulación significante. Es por el lenguaje que nosotros lo podemos desarmar en el análisis. Si no, uno diría, ¿qué quiere decir que se trata de un significante? Entonces, bueno, después tenemos que ver dentro de qué estructura se encuentra porque no es lo mismo una neurosis que, como Nancy interroga, una psicosis o una perversión.

NEH: Es muy interesante porque nosotros trabajamos, por supuesto, con la transferencia, que es fundamental en estos casos, como en todos. Nos van a hacer vivir también estas dimensiones. Pero nuestro trabajo fundamental es ir descubriendo, ir descifrando que un significante, como puede ser rata, cucaracha, o espacio abierto, recorren la vida. Por ejemplo, la zoofobia. ¿Uno puede pensar el recuerdo cuando era chiquita viendo a dos ratas caminando en los cables, apareándose? ¿Llegar a ese punto? No es la rata, es lo que significaba ahí la dimensión de lo erótico. Llegar a un recuerdo infantil de esa característica es nuestra tarea, ir descifrando significantes que no son cualquiera. Siempre son de la heráldica, que son significantes de linaje, fundamentalmente.  

 

10 agosto 2025

pagina12.com.ar

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